Las valorizaciones positivas del capital y otros añadidos del Tripartit    VERSIÓ EN CATALÀ

Si por Pasqual Maragall hemos conocido que uno de los problemas de CiU puede ser tasado porcentualmente en reconocidas fórmulas contratistas de corrupciones trinitarias, por su parte no podemos tampoco desconocer que entre uno de los múltiples problemas que tiene el PSC figura el de tratar de disimular como de izquierdas las políticas económicas aplicadas por el Tripartit. Y así , si ya hace unos meses el conseller Rañé se mostró favorable a las flexibilizaciones, hemos tenido que esperar una entrevista del president Maragall con TV3, a propósito de su contribución específica al resecamiento de oasis, para enterarnos oficialmente del apoyo positivo del govern a las deslocalizaciones. El viejo axioma privado que, repetido con insistencia por políticos y tecnócratas, recomienda la especialización de la economía en sectores basados en las nuevas tecnologías y en la sociedad de información, esto es, en sectores, según dicen, de alto valor añadido, contrasta curiosamente con algunos hundimientos prácticos de la gestión de los servicios públicos donde están demasiado presentes el fraude, la negligencia y el parasitismo. El Carmel ha sido un ejemplo notorio de confluencia desastrosa de perforaciones tecnológicamente caducas, catas desinformadas y bajos valores en hormigón y horas de trabajo ahorradas.
Todo parece indicar que en política institucional no está de moda garantizar solamente las necesidades que justamente reclaman los ciudadanos. Por el contrario se prefiere convertir nuestras ciudades en lugares de diseño y de marca que por un lado permitan a los hijos de las élites dominantes especializarse competitivamente en la producción adaptada de grandes valore añadidos y por otro atraiga a un turismo que, como se ha visto, ni siquiera pide el concurso añadido de inexistentes e imaginativos estudios de mercado. Mientras tanto el cierre de empresas multinacionales, en sectores tales como la automoción, el eléctrico, el textil, el farmacéutico, ha servido tal vez de inspiración a los fabricantes del Plan para la internacionalización de la empresa catalana para convertir el negativo prefijo de la palabra deslocalizaciones, en las muy positivas, dirigidas y queridas multilocalizaciones. De la lógica del capital que lleva a las multinacionales a desplazar sus centros de producción allá donde la mayor explotación del trabajo se une a menores costos fiscales y ecológicos, el gobierno de Maragall, preocupado por tutelar las acumulaciones de capital y aumentar comparativamente los beneficios empresariales es también, como ya lo era evidentemente el de CiU, un expositor excelente. Que huya el capital catalán fuera de las fronteras, que se descapitalicen industrias de la economía catalana a la búsqueda de asalariados aún más explotables y flexibilizables que los ya explotados y flexibilizados trabajadores autóctonos y residentes, es la consigna que descaradamente presentó el president como uno de los grandes logros del Tripartit. En cuanto a la fórmula que utilizó para expresar su bendita bendición a las deslocalizaciones no podemos menos que incluirla, más o menos exactamente, dado que la misma refleja perfectamente de qué lado y contra quién se añaden todos esos valores. La deslocalización, perdón, según Maragall,
la multilocalización, “será buena mientras que la proporción de trabajo que se hace fuera sea mayor que la proporción de valor añadido que se hace fuera... (Nos) interesa que el valor añadido se mantenga aquí en una proporción elevada, aunque la mano de obra en buena parte esté trabajando en (otros) países...”. Maragall, pues, gran consejero de las trayectorias rutilantes del capital catalán por las Europas del Este y los países indoasiáticos, rompe con esta afirmación con una tradición teórica que, oxigenada con los Proudhon y otros conocidos pensadores revolucionarios, insistían no sólo en hacer del trabajo el creador básico del valor sino en entender el valor añadido en términos puros y duros de plusvalía. El lenguaje eufemista de estos tiempos evita esos términos. La realidad sin embargo los confirma. Como puede verse en algunos sectores, por ejemplo, de las llamadas tecnologías de la comunicación en los que los servicios son realizados por teleoperadores enormemente hastiados por los controles que les hacen los jefes a fin de extraerles más valor de su trabajo inmaterial productivamente arrancado contra los clientes.
De hecho, desde otra perspectiva, algunos de nosotros no rechazamos de entrada la intensificación de cierta tecnología en la producción de bienes y servicios. Ese podría ser un posible camino de una humanidad felizmente liberada, cada vez más, del trabajo. Pero lo que está claro es que mientras vivamos en estos sistemas de acumulación de capital – y de valores mercantilmente añadidos- basados en el robo del trabajo y en la especulación y el despilfarro de los recursos por la maximización de beneficios, sabemos lo que supone todo eso: la exclusión social de aquellos individuos y colectivos que difícilmente se adapten ni laboral ni vitalmente a las nuevas tecnologías.
Unas tecnologías que por cierto como ya se están aplicando a gran escala en los países considerados como emergente alteran de forma agobiante el optimismo competitivamente proporcional de este gobierno.
Cerraremos finalmente este sombrío círculo con una pequeña consideración de cómo se protegen en nuestro país los puestos de trabajo. El que el Tripartit haya variado ligeramente las costumbres convergentes de dar subvenciones a aquellas empresas que quieran instalarse en Catalunya, incluyendo ahora el pequeño detalle de que si no se van antes de 7 años no tendrán que devolver íntegramente el dinero público otorgado, es un breve tiempo que tal vez pueda generar inquietudes sobre su futuro laboral a los obreros empleados. Ahora bien si tenemos en cuenta que hoy en día no es del todo raro que un trabajador pueda tener en menos de un año más de 180 contratos está claro que tal período de 7 años, exigidos para que en caso de aprobar un expediente de regulación de empleo lo puedan hacer sin tener que devolver la subvención recibida, pueda parecer casi una eternidad a los que nos gobiernan... Conocemos a auxiliares, enfermeros, camilleros y personal de algunos hospitales públicos de prestigio que han llegado a firmar sus fragmentados contratos de día a día Se ve con nitidez que la lógica del valor añadido y de las flexibilidades ha apostado y seguirá apostando a favor de la multiplicación numérica de las angustias entre los trabajadores y de la charlatanería diletante entre muchos de estos desvergonzados politicastros.

Petra Llamp

 

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