Deutsche Bank ha iniciado el despido de 6.400 empleados pese a haber tenido unos beneficios de 2.546 millones de euros en 2004, un 86,5% más que el año anterior. Aunque su propio presidente haya manifestado que "2004 fue un año muy exitoso para Deutsche Bank" este gigante financiero —primer banco alemán y tercero europeo— ha anunciado su interés por desmantelar varios departamentos de Inglaterra y EE.UU. para trasladarlos progresivamente a Europa del Este y Asia, zonas donde pretende crear 1.200 empleos. Así pues, la reducción de plantilla neta rondará los 5.200 empleados —un 8% del total— sin contar con otra justificación que la de la propia codicia. Si bien los efectos de la llamada globalización y el traslado consiguiente de puestos de trabajo no es un tema nuevo, con el ejemplo de Deutsche Bank sí que se establece una diferencia con respecto a otros. En esta ocasión no se trata de despidos propiciados por un menor coste de productividad en la elaboración de productos, sino por mera gestión empresarial facilitada por el uso de las nuevas tecnologías y trasladada, eso sí, a zonas donde los salarios son más bajos.

La utilización de teléfonos móviles, incluso por debajo de los límites considerados como inocuos, provoca cambios en células y en el ADN. A tal conclusión han llegado varios expertos pertenecientes al Proyecto Reflex, grupo de trabajo formado por 12 equipos de 7 países europeos, entre ellos España. Dicha investigación se ha venido desarrollando durante los 4 últimos años, y sus resultados ya están en poder de la Comisión Europea (CE). Sin embargo, precisamente el descubrimiento de esta nueva forma de nocividad puede haber significado el fin de la investigación. La propia directora del equipo español ha criticado la decisión de la CE de cesar su financiación, declarando que "…No está claro el por qué. La Unión Europea establece sus prioridades pero hay muchos factores implicados y cómo no pensar que hay presiones para que estos estudios no sigan porque pueden crear una alarma social muy grande". Asimismo, ha encontrado inapropiado que se ponga fin a la misma, puesto que se ha demostrado que los teléfonos móviles "tienen efectos biológicos a nivel celular y molecular y hay que seguir estudiándolo".

Lo que sí ha sido financiado recientemente es el "Seminario de Cooperación Policial Internacional", celebrado hace unos días en La Rioja. Para este tipo de encuentros sí que hay partidas presupuestarias. En esta ocasión, además de España, país anfitrión, han participado varios expertos y mandos de Austria, Alemania, Dinamarca, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Irlanda, Italia, Holanda, Portugal, Suecia, Bulgaria, República Checa, Rumania y Eslovaquia; así como Bélgica, Luxemburgo, Hungría, Polonia, Grecia y Turquía en calidad de observadores. El motivo de tanto compadreo ha sido la elaboración de una especie de manual internacional de actuación policial que unifique ideas de actuación. Dicho manual está enmarcado dentro del proyecto "Polígono de Experiencias de Fuerzas Especiales" (PEFE), y su finalidad es enviarlo a la Unión Europea para que se valore la posibilidad de diseñar algo así como un campo de entrenamiento común en Europa. ¿Alguien duda de que a ellos sí se les dotará con todo lo necesario para que puedan echar sus batallitas?

El desempleo, la siniestralidad, la temporalidad y la baja ocupación femenina y juvenil, continúan siendo los principales puntos críticos del mercado laboral español. Y es que a pesar de que el número de países de la Unión Europea se haya ampliado a 25, no se consigue maquillar el pésimo balance laboral que nos están haciendo padecer. En cuanto al desempleo, decir que oficialmente estamos situados en el cuarto lugar, estado tan sólo por delante de Polonia, Eslovaquia y Lituania. En torno a la siniestralidad —y a falta de cotejar cifras con los países recién incorporados—, continuamos estando a la cabeza de los anteriores 15 estados miembros, teniendo que denunciar nuevamente otras 946 muertes durante el 2004 y que destacar las 300 producidas exclusivamente en el sector de la construcción. A este respecto, hay que señalar que una de las causas de tan alta siniestralidad está estrechamente ligada a las subcontrataciones propias de la temporalidad, situación en la que estamos 20 puntos por debajo de la media comunitaria —un 30,6% frente al 12,8%, concretamente—. Asimismo, volvemos a fracasar en cuanto a ocupación femenina, cifrándose ésta en un 46% frente al 73% de la masculina, y estando únicamente por delante de Grecia, Italia y Malta. Pero eso no es todo, puesto que tanto las mujeres como los jóvenes menores de 25 años, además de estar directamente más perjudicados por el desempleo, han de soportar salarios inferiores en la mayoría de profesiones desempeñadas, cifrándose la diferencia en el caso femenino en hasta un 37%.

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