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empresa Fórum Universal de las Culturas Barcelona
2004 S.A. ha quedado oficialmente disuelta, maquillándose unas
pérdidas de más de 700.00 euros. Esta cantidad supone
el doble de lo previsto en la última previsión, anunciada
por su presidente y alcalde de Barcelona, Joan Clos, en diciembre de
2004. La escasa venta de entradas, donde sólo se ingresaron 26,63
millones frente a los 61,49 previstos, ha sido el principal motivo del
fracaso. El patético balance positivo ha tenido que obtenerse
absorbiendo todo el fondo destinado a imprevistos, concediendo importantes
ventajas fiscales a patrocinadores mediante acuerdos de última
hora, subastando numeroso material y perdonándose los 208 millones
de euros cedidos por el Estado, la Generalitat y el Ayuntamiento barcelonés,
es decir por todos los ciudadanos. En este chanchullo final hay incluso
algún representante político que asegura que el consistorio
barcelonés ha cubierto facturas a cargo de su preciado engendro.
Para colmo, la última bofetada ha venido desde la Comisión
del Mercado de las Telecomunicaciones, que ante el polémico traslado
de Madrid a Barcelona, y en contra de lo previsto, ha rechazado la oferta
de ubicarse en uno de los edificios situados en dicha zona para buscar
otro más céntrico y reducido. España
está entre los países más alejados de
las pretensiones europeas del "pleno empleo", si se entiende
como tal los acuerdos alcanzados durante la Agenda de Lisboa de 2000.
En ella los países que conformaban la Unión Europea (UE)
se comprometieron pomposamente a reactivar su economía, fortaleciendo
el crecimiento y la creación progresiva del empleo para convertir
a Europa en la "economía más competitiva y dinámica
del mundo". En él se pretendía que el 67% de la población
activa de la UE tuviese empleo durante este año, vaticinándose
que el porcentaje sería de un 70% en 2010. Actualmente sólo
7 países han superado dichas previsiones, situándonos
con un bochornoso 59,7% entre los 4 últimos países de
los que en su día asumieron dicho compromiso. Cinco años
después, tras haberse incumplido la mayoría los acuerdos
de Lisboa, el balance general ha sido calificado como "lamentable",
renunciándose a ellos y retocándolos para matizar que
"los objetivos de pleno empleo, calidad y productividad laboral
y cohesión social deben traducirse en prioridades claras y mensurables". Adolf
Hitler vivió una homosexualidad reprimida, siendo
calificado como masoquista pasivo y "desagradablemente sumiso"
en su época de soldado. Así se detalla en un análisis
psicológico elaborado en 1943 por el psiquiatra Henry Murray,
que ahora ha sido difundido por la Universidad Cornell de Ithaca (Nueva
York) y que se puede encontrar en su página web. La Oficina de
Servicios Estratégicos estadounidense (OSS), antecesora de la
actual Agencia Central de Inteligencia (CIA), se lo encargó para
ser tenido en cuenta por los aliados. Por obvias dificultades, éste
tuvo que hacerse desde la distancia y basándose en su genealogía,
historial escolar y militar, informes públicos de la época
filmados y difundidos por la prensa, sus propios escritos, así
como la información entresacada de sus biógrafos y de
la información trasmitida por la OSS. En el estudio se concluye
que sufría neurosis, paranoia, histeria y esquizofrenia, entre
otras enfermedades mentales. Los crímenes que cometió
pudieron deberse al desprecio ante sus propias debilidades y como venganza
por los abusos sufridos en su infancia. Tenía un fuerte componente
femenino en su constitución física, y nunca realizó
ejercicios físicos ni manuales. Era un personaje rencoroso incapaz
de aceptar una broma, no toleraba las críticas, con tendencia
a menospreciar a los demás y a buscar venganza, describiéndose
su personalidad como la de un criminal compulsivo, perseverante frente
a la derrota, con una fuerte obstinación y confianza en sí
mismo. Al carecer de cualidades que le permitieran desarrollar una personalidad
equilibrada, su suicidio era una de las opciones que se barajaron. En
el informe se anticipaba que si Alemania perdía la II Guerra
Mundial, Hitler podría llegar a suicidarse, pero que si le mataban
podría convertirse en un mártir. El Documento Nacional de Identidad (DNI) electrónico ha retrasado finalmente su implantación, estando previsto que se inicie a principios de 2006. Sin embargo, no está claro que el aplazamiento se produzca para valorar las opiniones contrarias a que en él se incluyan datos personales y ajenos a su función identificativa. A este respecto, la Comisión de Libertades Informáticas advertía hace algunos meses que la inclusión de dichos datos podría vulnerar el derecho a la protección e intimidad de los mismos, solicitando un debate previo al que se ha desarrollado en otros países europeos. Tal y como os habíamos venido informando (ver "Solis" 315 y 318), el nuevo DNI será del mismo tamaño que el actual, estará compuesto de policarbonato y de un soporte electrónico que incluirá los datos de identificación de su titular, incluyéndose en estos la huella digital, la imagen facial y la firma electrónica. Las últimas declaraciones gubernamentales apuntan a que no será hasta ese año cuando empiece a ser operativo, estimándose que esté finalmente listo para finales de 2007 o principios de 2008. A tenor de lo declarado por el ministro de Interior, J. A. Alonso, su implantación "nos permitirá liderar de modo decisivo la identificación y el comercio electrónico a nivel de la Unión Europea". Así pues, nuevamente seremos conejillos de Indias de este instrumento de control en versión actualizada que vendrá a suplantar al implantado en 1944 por el régimen franquista. En aquella ocasión, y no por casualidad, fueron los presos y quienes estaban en libertad vigilada quienes lo estrenaron.
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