El nuevo gobierno alemán está estudiando elevar la edad de jubilación a 67 años, dos más de lo que marca su actual legislación. De prosperar la reforma de socialistas y democristianos, los trabajadores alemanes verán cómo su edad de retiro se incrementará en dos años de manera progresiva. Para evitar las lógicas protestas, pretende efectuarla de manera paulatina, a partir de 2012 y a razón de un mes cada año. Esta especie de Pacto de Estado ha sido la ha sacado a la luz el diario Financial Times Deutshland. Mediante tan sutil fórmula, y al margen de los gobiernos de turno, se haría más digerible la idea de alargar la vida laboral de los trabajadores alemanes hasta completar esos dos años de extensión en 2035. Aunque la aportación de trabajadores alemanes a las arcas de la seguridad social alemana es de un 42% del salario, la mala gestión de los gobernantes ha hecho que los fondos del seguro de vejez alemán estén casi vacías, planteándose incluso la necesidad de solicitar un crédito para pagar las pensiones del mes de noviembre. Actualmente las pensiones de los jubilados alemanes llevan 3 años congeladas y de momento no hay perspectivas de subida.

Según un estudio de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), los trabajadores autónomos trabajan una media de 7 horas más a la semana que los asalariados. Sus cálculos se han basado en una reciente encuesta realizada a 4.220 autónomos de todas las comunidades y de distintos sectores económicos. Entre otros porcentajes el informe sostiene que la media general es de 43,9 horas a la semana, siendo los datos sustancialmente distintos según se agrupen. Por sectores económicos los trabajadores autónomos de la agricultura realizan 46,8 h semanales frente a las 37 de los asalariados; en la industria esa diferencia va de las 43 hasta las 38,1 h y en la construcción de las 42,8 hasta las 38,6 h. El contraste suele ser aún mayor en el sector de servicios, donde los que se dedican a la hostelería acostumbran a trabajar unas 14 h más, los de transportes unas 8 y los de comercio unas 7. Por comunidades autónomas, las diferencias son mayores en Andalucía (con 8,2 h más semanales), Aragón (8,1 h) y Extremadura y la Comunidad Valenciana (ambas con 7,6 h).

Pronto seremos testigos de cómo el Gobierno "dialoga" más que cumple su compromiso electoral de cerrar paulatinamente las centrales nucleares. Los contactos previstos para establecer un futuro energético aglutinarán a partidos políticos, representantes de la industria y distintos sectores sociales. De entrada todo parece indicar que en lugar de adoptar medidas que permitan vislumbrar un futuro de energías limpias y renovables, se optará por prolongar el compromiso nuclear de nuestras viejas centrales nucleares. De hecho, si exceptuamos el próximo desmantelamiento "forzado" de la central de Zorita (Guadalajara), desde que el PSOE accediera al poder la única decisión adoptada al respecto ha sido la de renovar durante 10 años más la vida de la central de Trillo (ubicada en la misma provincia) y otra previsible renovación para la de Garoña (Burgos). Durante los contactos que se realizarán, es casi seguro que se abordará una reforma del Plan Energético Nacional y la necesidad de preparar una gran fosa donde ubicar los residuos radiactivos de todas las centrales del Estado (unas 160 toneladas anuales). De momento, tanto la patronal como el gobierno y la oposición sostienen que sería una insensatez prescindir de este tipo de energía, que actualmente produce un 25% del total consumida. En cuanto a sus socios en el Gobierno, está por ver hasta qué punto escocerá en Izquierda Unida la bofetada socialista a esta promesa electoral compartida. De momento su otro socio, Esquerra Republicana de Catalunya ya ha manifestado que hoy por hoy es "irreal plantear un calendario de cierre". Desgraciadamente, también poca preocupación popular se desprenderá de las decisiones que se adopten. Según una encuesta de la Unión Europea (UE), sólo un 15% de nuestros conciudadanos conocen las ventajas e inconvenientes de producir energía nuclear, lo cual hace que ocupemos —también aquí— el último lugar de la UE en torno a concienciación energética.

A tenor de los últimos datos hechos públicos por la Oficina de Estadística Comunitaria (Eurostat), el salario mínimo interprofesional (SMI) español es 42,2 euros inferior a la media de la Unión Europea (UE). Actualmente la cantidad que se percibe en España es de 512,8 euros, aunque al objeto de compararlo con otros países, Eurostat ha tenido en cuenta las dos pagas extraordinarias que lo sitúan en 599 euros, siendo la media comunitaria actual de 641,2. Puesto que de los 25 miembros que componen la UE en 7 no se dispone de un SMI fijado por sus gobiernos, en su estudio Eurostat estructura a los 18 países restantes en 3 grupos. En el primero están Irlanda, Francia, Reino Unido, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo, donde la remuneración supera los 1.000 euros mensuales (1.467 en Luxemburgo, país situado a la cabeza); en el segundo, junto a España, están Eslovenia, Malta, Portugal y Grecia, donde la cantidad percibida oscila entre los 437 y los 668 euros; y un último grupo donde se encuentran Lituania, Eslovaquia, Estonia, Polonia, Hungría, la República Checa y Letonia con un salario mínimo que se sitúa entre los 240 y los 116 euros, cantidad esta última que corresponde a Letonia, país situado en el último lugar de los que perciben el SMI.

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