Bush:
Un fantasma recorre Europa
Quedan ya muy pocas dudas de que el presidente de los EEUU, visitante
reciente de la vieja Europa, ha decidido quemar el mundo a mayor gloria
de una élite de halcones ultraderechistas. Llamar a este señor,
y a su estado, fascista es una definición exacta no una exageración
ni un exabrupto.
Mucha gente, que se la coge con papel de fumar, piensa que el término
fascista debería enterrarse y limitarse a los años treinta
y a los fascismos históricos. Error o mala intención.
El término no describía una moda de camisas pardas, negras
o azules, definía una política. Y esa política
la ha retomado el señor Bush en todas sus manifestaciones.
Para la mayoría de historiadores serios, no cantamañanas
de la COPE ni ex grapos, el fascismo no es un adjetivo gaseoso utilizable
como insulto sino la definición de un concepto presente en las
políticas de los estados.
El rasgo más importante en el que coinciden todos los fascismos
de la historia es la idea del imperio.
La idea, fascista en si misma, de que existen pueblos con más
derechos que otros.
La excusa para justificar semejante tontería varía según
el grado de estupidez de los propagandistas de turno, del delirio personal
del Jefe providencial o de las necesidades masturbatorias de las minorías
dominantes. Algunos escogían apelar al espacio vital, otros a
pretendidas injusticias históricas, los de por aquí a
rocambolesas y zarzueleras unidades de destino. Según semejante
aberración lógica algunos países o pueblos están
condenados a ser parias de la historia al servicio de otros, elegidos
por ser más rubios, mas altos o más listos. Para robar
y asesinar incluso la gente más despreciable suele buscar alguna
excusa aunque sea una birria como la de autoproclamarse superior.
El estado fascista del duce, o del fhurer o del comandantín gallego,
consistía básicamente en pretender solucionar los problemas
económicos internos atacando a otros pueblos, asesinando a parte
de la población y robando sus recursos; Abisinia o Polonia, Marruecos
o la URSS. Un reich de mil años o por el imperio hacia dios.
Esto, decían los teóricos fascistas a lo Ramiro Ledesma,
producía cohesión interna y beneficios parecidos a los
que nos prometía Jeb Bush por participar en el abordaje pirata
de Afganistán e Irak.
Lo que hoy hace el señor Bush en estos países y amenaza
con extender por el mundo adelante es exactamente eso, ni más
ni menos. Fascismo en estado puro.
Abel
Ortiz
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