El camelo del Carmelo

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El pasado 27 de enero un socavón originado por unas obras de la línea 5 del metro barcelonés provocó varios derrumbes y desprendimientos. Como consecuencia, 1.054 vecinos eran desalojados, teniendo que dejar en algunos casos unas pertenencias que no recuperarían.
Sin embargo, las lógicas protestas de los afectados pasaron a un segundo plano varios días después. En el Parlament catalán, durante un pleno monográfico sobre el tema, el presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, respondía al acoso de Artur Mas con una frase que ya es histórica: "…Ustedes tienen un problema y este problema se llama tres por ciento." Con ella el "honorable" intentaba poner freno a las embestidas del líder de Convergencia i Unió. Esa alusión hacía referencia al cobro de presuntas comisiones durante la última legislatura, regentada precisamente por dicha agrupación política. Con ella quedaba registrado algo consabido entre los ciudadanos pero lamentablemente asumido entre los votantes: la generalizada corrupción política.
De la noche al día, el problema de un barrio obrero barcelonés viraba hacia las interesadas reclamaciones de rectificación y dimisión exigidas al "honorable" desde la clase política catalana. Integrada por ilustres representantes de su burguesía —llámense Maragall, Mas, Piqué, etc.— y convenientemente repartidos en distintos partidos políticos, el espectáculo bochornoso de un barrio en ruinas quedaba oculto detrás de otro circense. En él, el propio Maragall insistía en mear fuera de tiesto al comparar lo ocurrido con el naufragio del Prestige e incluso al manifestar que se sentía como una mujer maltratada. Sin embargo, la auténtica incógnita residía en saber hasta dónde estarían dispuestos a prorrogar el numerito. Tras varias declaraciones cruzadas era de prever un pacto de silencio. Finalmente éste se produjo con una ridícula "rectificación" y durante una patética moción de censura posteriormente retirada.
Las protestas vecinales quedaban pues en segundo plano. Huérfanas de unas asociaciones de vecinos anestesiadas desde la llegada de la presunta izquierda al ayuntamiento —allá por la "transición"—, las reclamaciones de las familias empezaban a desgranarse entre afectados directos, morales, etc. Las condicionantes indemnizaciones, destinadas a contener a los vecinos, empezaban a producir su efecto disgregador.
Con la "Crisis del Carmel" ya encauzada, en el arco circense del Parlament bastó con que el conseller de Política Territorial i Obres Públiques, Joaquim Nadal, "aceptara" las dimisiones de dos cargos técnicos presentadas como cabeza de turco a fin de salvar la suya, y que se aprobase unánimemente una Comisión de Investigación. Como al parecer las Comisiones de Investigación con fecha de caducidad están de moda, a ésta se le otorgaba una vida de 2 meses. En las comparecencias efectuadas por dicha Comisión hasta hoy, se desmienten de un día para otro los argumentos presentados por las partes implicadas: empresas contratistas, constructoras, etc. Y es que su creación únicamente les servirá para eludir responsabilidades.
Pocas verdades saldrán a la luz. Como si de una película mafiosa se tratara, el crimen se esconde dentro del cemento, y en el socavón del Carmelo se han vertido 18.500 m3 que limitan las pruebas periciales del hundimiento. Tras la denuncia presentada por dos comerciantes afectados, "sorprendentemente" la Justicia desestimaba abrir una investigación por delito de encubrimiento, e incluso la realización de una inspección ocular, así es que a sólo se sabrá lo que quieran contarnos.
La composición geológica de la montaña del Carmel era conocida. En 1974 se vivió una situación parecida. Por aquel entonces dos familias tuvieron que abandonar sus casas por los desperfectos originados durante las obras del Túnel de la Rovira. Así pues, el origen de lo ocurrido podríamos encontrarlo en el simple afán por escatimar dinero en estudios y materiales de construcción, y en el oportunismo político por acabar unas obras en un plazo electoralmente rentable. Durante el proceso de construcción, poco ha importado a los políticos y constructoras que tanto vecinos como trabajadores hubieran podido perder sus vidas. Es más, una vez producidos los daños, se han lanzado como hienas sobre los actuales gobernantes olvidando también su responsabilidad en éste y en otros escándalos de corrupción parecidos: los famosos socavones del AVE a su paso por Aragón, el caso Banca Catalana, etc.
Pero los partidos políticos tienen a su favor la desidia o la poca memoria de sus votantes. Atiborrados de noticias parecidas, éstos acaban por olvidarlas o dejarles indiferentes, al menos, hasta que se ven afectados por actos delictivos como el del Carmelo. Porque ese es el mejor calificativo: un acto delictivo que pretenden disfrazarlo de "error accidental" eludiendo su negligencia y complicidad. Un acto delictivo que los movimientos sociales podríamos haber aprovechado para fomentar la desobediencia civil y denunciar a la corrupta clase política, auténtica responsable de lo ocurrido.

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