EL
CONGRÈS HISTORIC SOBRE LA MEMORIA DE LA TRANSICIÓN
Valencia, 25 a 29 de octubre de 2004-12-20
Luis
Andrés Edo
Introducción:
El
congreso estaba convocado por la Fundació Ausías March,
de Valencia, a celebrar en la Aula Magna de la Universidad, entre los
días 26 y 30 de octubre.
El acto al que yo había sido invitado era para el 29 de octubre
y tenía como título: Les Organitzacions de lesquerra
revolucionaria, en la que participamos: Jaime Pastor, Josep Subirós
y Luis Andrés Edo, ejerciendo de moderador Rafael Maestre.
Me correspondió intervenir el último de los tres. Por
las precedentes intervenciones a la mía comprendí enseguida
que mi exposición iba a romper todos los esquemas, tanto por
el contenido como por la forma.
Pero además, el contenido de mi intervención, aparte de
referirse a uno de los agujeros negros más escandalosos
de la transición, se implicaba (con nombres y apellidos) al protagonismo
más beligerante de la transición: El Mundialismo
Capitalista.
Empecé saludando la idea de los organizadores, citando a Pelai
Pagés, catedrático de la Univ. de Barcelona (miembro de
la Fundació Andrés Nin), como padre de la criatura
de aquel Congrès, y por la iniciativa de haber invitado, creo
que por primera vez, a unas voces ácratas. No hablo por mí,
sino por la presencia de Pep Ribas (fundador de Ajo Blanco)
y al escritor David Castillo, que participaron en otros actos (al final
de mi intervención el moderador Rafael Maestre, miembro de la
Fundación Salvador Seguí, de Valencia, me corrigió
diciéndome en público que ellos habían sido ya
invitados el año anterior. Muy bien, contesté, no deja
de ser una excepción oír en este marco a voces ácratas).
RESUMEN
DE MI INTERVENCIÓN
El Mundialismo Capitalista
Continué señalando de entrada que me iba a centrar en
analizar un caso especial que implicaba directamente al Movimiento Obrero,
al que podían integrarse sin dificultad todas las tendencias
y sensibilidades a que se habían referido mis dos predecesores
en este acto.
Pero antes de abordar el meollo de la cuestión quiero referirme
a algo que todos dan por sabido, pero que nadie menciona nunca, como
si hubiera cierto temor ...
Me estoy referiendo al protagonista más beligerante de la transición:
Los grupos mundialistas del Capitalismo. Quiero, de entrada,
hacer una observación. Siempre que, por otros temas, menciono
a los citados mundialistas, se me acusa de que estoy haciendo un ejercicio
de esoterismo político. No existe acusación menos
fundada, pues me estoy refiriendo a datos y hechos tan sólidos
como el mármol de Carrara.
Sin embargo, para que sepáis de que estoy hablando, me es necesario
hacer una breve y rápida semblanza histórica de cuando
surge esa estructura supra-gubernamental en EE.UU.
Esta se fragua con intensas negociaciones en los ocho primeros años
de la década de los años veinte del siglo pasado. Mientras
en ese país se desarrolla la farsa procesal más escandalosa
de su historia, contra dos anarquistas emigrantes italianos, Sacco y
Vanzetti, acusados de un atraco, con muerto (que finalmente serán
ejecutados, siendo inocentes, y rehabilitados 50 años después),
se está fraguando un cambio de las estructuras del Poder del
Sistema Capitalista.
Es decir, mientras se está desarrollando, a bombo y platillo,
la farsa del proceso contra dos anarquistas, este despliegue mediático
está encubriendo una negociación que está llevando
secretamente una comisión anglo-norteamericana, para la creación
estructural de un espacio supra-gubernamental del sistema: el Council
of Foreign Relations (CFR). Se iniciaba con este procedimiento
una política del miedo para escamotear la realidad
política. El miedo al terrorismo anarquista, añadido
entonces al bolchevique ... (política del miedo que continua
hoy con otros acusados). (Quiero señalar para el lector no advertido,
que esta sólida hipótesis de la finalidad encubridora
de la farsa traumática contra Sacco y Vanzetti seguida en EE.UU.
es la primera vez que se ha manifestado en público).
Siguiendo con mi intervención: El citado nuevo espacio supra-gubernamental
consiste en reunir en conclaves reservadas a los mayores lobbys de influencia
internacional, anglo-norteamericanos: las grandes Iglesias (el primer
sector católico fueron los Jesuitas), las altas finanzas (los
Rothschild, Rockefeller, Morgan, p.ej.), los grandes propietarios rurales
e industriales, los más significados políticos del Congreso
y los responsables del Pentágono y del Departamento de Estado,
los grandes despachos de abogados, como el de los hermanos Dulles (los
Kissinger de la época). Esta estructura supra-gubernamental no
salta al continente de Europa occidental hasta 1954, con el denominativo
de la localidad holandesa, donde se ha realizado la conclave, Bilderberg-Group,
que será el indicado para interesarse de las situaciones concernientes
a los países de Europa occidental.
El nuevo salto de esta estructura a escala mundial se da en 1973, en
plena crisis de productos energéticos, como el petróleo,
y alcanza a países del Sudeste asiático, del Próximo
Oriente, como los Emiratos Árabes y América del Sur, con
el denominativo de Trilateral Commission.
A esta fauna de las dos últimas estructuras se han venido integrando
un centenar de individualidades españolas, con una amplia representación
de los Siete Grandes (Bancos) u otros como p.ej. Antonio
Garrigues Walter, Carlos Ferrer Salat, los hermanos Luis y Javier Solana,
o uno de los invitados a este Congrès, Narcis Serra, por no poder
citar obviamente a todos. (Se habían integrado ya entidades como
la Internacional Socialista con Willy Brandt en cabeza, el Opus, la
Secta Moon, las cúpulas mundiales de los grandes sindicatos occidentales).
Pues bien, una amplia representación de esta fauna, coordinada
por Kissinger, se dan cita bajo la responsabilidad del Bilderberg-Group,
en Mégève, localidad francesa lindante con Suiza, en unas
propiedades de Rothschild, con un Orden del Día concreto: Perspectivas
de la situación en España a raiz de la enfermedad de Franco.
Esta conclave reservada se celebra en el verano de 1974. A ella, por
primera vez, en la historia de estas conclaves, se invita una delegación
del llamado Movimiento Nacional, que acude con las personas de Gregorio
López Bravo y Leopoldo Calvo Sotelo. En esta conclave se decide
por unanimidad que la sucesión de Franco será Juan Carlos,
y la Monarquía como Régimen. Además, se pide a
la delegación del Movimiento Nacional que en la próxima
conclave trajeran una terna de tres nombres para escoger al sustituto
de Arias Navarro.
Justo un año después, septiembre de 1975, la misma conclave
se realiza en Palma de Mallorca, y es entonces que se conocen las tres
personas que el Movimiento Nacional propone: López Bravo, el
Marqués de Villaverde, y Adolfo Suárez; este último
será aceptado por unanimidad.
Es decir, que los personajes autóctonos que pretenden ser los
artífices de la transición, empezando por el Rey Juan
Carlos, no han sido sino agentes instrumentales que han actuado al dictado
de los citados grupos del Mundialismo Capitalista. Dicho con otras palabra,
nos encontramos con un fenómeno de unas estructuras del llamado
mundo democrático que actúan con procedimientos antidemocráticos,
a través de una dinámica del hecho consumado,
que instrumentaliza su homologización con el recurso al sufragio
universal.
El
agujero negro de la Transición
Estas interferencias son constantes de la farsa democrática entre
las relaciones de los países y sus Estados. Pero la gravedad,
en el caso de la transición española, queda acrecentada,
cuando se ponen en práctica esas interferencias, cuya finalidad
es: la Reforma Pactada. Pues nadie duda que su aplicación
ha producido situaciones muy oscuras que nunca fueron aclaradas. Es
decir, nos encontramos ante un auténtico agujero negro,
negrísimo, cuyo protagonismo (con la directa connivencia del
Gobierno de Adolfo Suárez) recae concretamente sobre los Servicios
de Seguridad del Estado, y específicamente en el caso que voy
a referir, sobre la llamada Brigada Político-Social
(BPS).
Efectivamente, la Reforma Pactada debía ser impuesta
a toda costa, y una vez integrados a ella todos los Partidos Políticos
parlamentarios, el único agente social autóctono capaz
de oponerse eficazmente era el Movimiento Obrero organizado, recogiendo
todas las sensibilidades contestatarias.
El problema era el que planteaban tanto UGT como CC.OO., al haber optado
por una estrategia, que históricamente se ha venido llamando
Sindicalismo correa de transmisión, con lo que dichos
sindicatos eran capturados por la estrategia de los Partidos.
En esta situación Adolfo Suárez convoca a todos los Partidos
para iniciar negociaciones, al objeto de alcanzar un acuerdo para el
primer Pacto Social de la Transición, que pasará a llamarse
el Pacto de la Moncloa.
Es en este contexto que el Comité de Catalunya de la CNT toma
la iniciativa de conectar con los Comités de Catalunya de UGT
y CC.OO., proponiéndoles la discusión crítica del
Pacto de la Moncloa.
De estas discusiones que las delegaciones de los tres sindicatos catalanes
desarrollarán durante el mes de septiembre y octubre de 1977
surge la aceptación de convocar una manifestación en contra
del Pacto de la Moncloa, en la que participan 400.000 trabajadores,
a final de octubre en Barcelona. Se trataba del primer acto unitario
del Movimiento Obrero, que no volvería a repetirse en la Transición,
dirigido contra un proyecto del Gobierno, en aplicación de las
decisiones dictadas por el Mundialismo Capitalista.
Es decir, una cosa era la solidaridad de la CNT con las huelgas, p.ej.
de Roca Radiadores, de Gavá (provincia de Barcelona) que se desarrolló
durante tres meses, a barricada diaria, a finales de 1976, y decenas
de huelgiestas encarcelados, o meses después, la huelga de gasolineras,
convocada por la CNT en Catalunya, en la que los grises
sustituyeron a los distribuidores de gasolina, provocándose varios
incendios durante cuatro o cinco días; todo esto provocaba la
represión y el acoso policial contra la CNT.
En otras palabras, eran actuaciones que no estaban secundadas más
que por la CNT, que en ningún momento consiguió inclinar
a la solidaridad a las otras organizaciones sindicales. No se trataba,
pues, de situaciones graves, la dinámica institucional de la
estrategia sindical legalista conseguiría superar todas las problemáticas.
Pero otra cosa muy distinta era estar contra el Pacto de la Moncloa.
Esto eran palabras mayores. No se trataba ya de actuaciones solidarias
para situaciones localistas y puntuales, sino de lo que se trataba era
poner patas arriba un proyecto matriz, un proyecto general
del Gobierno, sin el cual no podían aplicarse los acuerdos dictados
por el Mundialismo Capitalista: la Reforma Pactada.
El asunto se convertía en muy grave, no por la actuación
radical de la CNT, pues su propia fuerza no representaba ningún
peligro para el proyecto del Gobierno; la gravedad residía en
el hecho de que el discurso mantenido por la CNT había conseguido
en Catalunya inclinar a CC.OO.: y a la UGT a posiciones en contra al
Pacto de la Moncloa. La Partitocracia se puso a temblar.
En consecuencia, ante el peligro de que lo ocurrido en Catalunya se
extendiera, como taca de aceite, por todo el país, que es lo
que pretendía la CNT, había que cortar, a sangre y fuego,
utilizando todos los medios, incluidos los ilegales, para evitar que
el Movimiento Obrero se alzara unido contra el proyecto del Gobierno.
Lo primero era aislar a la CNT, hacer a volver al redil a las cúpulas
catalanas disidentes de UGT y CC.OO. Lo segundo era lanzar contra la
CNT para destruirla la Unidad Móvil de la BPS. Esta Unidad ya
había actuado (después de la muerte de Franco) contra
la CNT, se trataba en aquella ocasión (el 30 de enero de 1977)
de desbaratar una reunión de la FAI (Federación Anarquista
Ibérica). Para ello se había utilizado la infiltración
de un confidente en un grupo de la FAI, en Murcia (Joaquín Gambín),
quien había vendido a dicho grupo dos maletas de armas y explosivos,
que, evidentemente, fueron descubiertas por la policía; este
hecho fue vinculado a las 54 detenciones realizadas en Barcelona el
30 de enero, con lo cual la reunión de la FAI podía ser
contemplada como un acto terrorista.
En esta ocasión, la Unidad Móvil iba a utilizar el mismo
confidente, Joaquín Gambín, que llegó a Barcelona
el 12 de enero de 1978, 72 horas antes que ocurrieron los hechos: El
incendio de la sala de fiestas SCALA, en el que Gambín embarcó
a cuatro jóvenes (tres de ellos menores de edad), afiliados a
la CNT.
Pero el hecho más escandaloso de este agujero negro
que es el Caso Scala no se limita a la utilización por la BPS
(con la connivencia del Gobierno) de un agente provocador (que ha engañado
a cuatro adolescentes), no, el tema desborda estas chapuzas de la acción
policial.
Efectivamente, el Juez que inicia el Sumario del Caso Scala (pues el
incendio de esta Sala se ha convertido en Caso), requiere
ese mismo día a un perito especializado en catástrofes
de esta índole (un tal Sr. Villalba) la misión de recoger
muestras del resto del incendio. El Sr. Villalba y su equipo de especialistas
se presentan con la autorización del Juez el mismo día
a recoger sus muestras (pues el Juez tiene decidido destruir al día
siguiente las ruinas en que ha quedado el edificio tras el incendio).
El Sr. Villalba somete las muestras recogidas a análisis de laboratorio
y el resultado de ellos es definitivo: ¡había fósforo!.
Es decir, que los cócteles de gasolina han caído sobre
un edificio que alguien había preparado con la acumulación
de fósforo, para que pudiera arder en unos minutos.
Para más INRI, uno de los acusados, Xavier Cañadas, atestigua
públicamente, años más tarde, que en los primeros
interrogatorios policiales observa que encima de una mesa hay una carpeta
con una indicación en letras mayúsculas: CASO SCALA, FÓSFORO.
Se trataba, sin ningún género de dudas, del informe del
perito Sr. Villalba.
Este hecho nuevo (la existencia de fósforo) explicaría
que un informe del Fiscal General del Estado, Burón Barba, exigiera
una investigación sobre la presunta participación de los
Servicios de Seguridad del Estado en el incendio de la SCALA.
Resulta que ambos informes, el del Sr. Villalba como el del Fiscal General,
desaparecen del Sumario, no llegan al Juicio Oral, celebrado en Barcelona
tres años después, en diciembre de 1980.
Para que todo esto pudiera ser posible, no existe otra explicación:
el que nos encontramos ante una operación de Alta Política
de Estado, de alcance internacional, como es la de eliminar la movilización
del Movimiento Obrero, peligro real contra la Reforma Pactada, decidida
en el marco del Mundialismo Capitalista, lo que justificaba
la ignominia montada por la BPS.
¿Porqué los Partidos de la llamada izquierda y sus propios
Sindicatos miraban hacia otro lado cuando a través del Caso Scala
el Gobierno y los mass-media machacaban a la CNT?; no se imaginaban
(ingenuos todos ellos) que el Poder estaba neutralizando a todo el Movimiento
Obrero, condición sine qua non para que el Mundialismo
Capitalista accediera a que el PSOE alcanzara el Poder en 1982
y continuara metiendo el cerrojo a la movilización del Movimiento
Obrero, ante las draconianas reconversiones industriales
exigidas para su ingreso en la Unión Europea.
CONCLUSIÓN
En definitiva, no puede haber una nueva transición pensando en
una nueva actitud de las instituciones (Partidos y Sindicatos) que han
arruinado toda su credibilidad colaborando con la Reforma Pactada.
Lo que no impide llamar a todas las sensibilidades contestatarias para
conseguir la Ruptura Política con el Neotardo
Franquismo.
Así terminaba mi intervención, que todo sea dicho, con
cierto escrúpulo, me sorprendió por la acogida calurosa
del público, a la cual no estoy acostumbrado, por muchas razones,
pero sobre todo por una, porque rehuyo la utilización de cualquier
latiguillo para lograrlo.
Pero no quiero terminar sin hacer referencia a dos temas:
1)
En el turno del coloquio respondí a una situación bochornosa
que sólo ha ocurrido en la Comunidad Valenciana. Dándose
el caso de que, al tiempo que se realizan estas reflexiones sobre la
transición (algunas de ellas muy favorables, que han tenido gran
despliegue mediático, mientras que las más críticas
han sido escandalosamente silenciadas), es la única Comunidad
que aún no ha solucionado el problema de la compensación
legal (aunque mísera) de las víctimas encarceladas durante
el Franquismo; y
2)
Asistí a dos o tres actos y en alguno de ellos intervine desde
el público. No voy a referirme a todos, pero me importa hacer
mención a un tema directamente relacionado con un hecho histórico
libertario: la ejecución de Delgado y Granados, en el Garrote
Vil de la Prisión de Carabanchel en 1963. En el acto habían
hablado tres ponentes. Se trataba de colectivos (independientes) que
se ocupan de la localización de víctimas asesinadas por
el Franquismo, enterradas en fosas comunes, colectivos cuya finalidad
es desenterrar la memoria histórica, silenciada por
pacto político de la Transición.
Tuve que intervenir porque alguno de los ponentes había puesto
mucho énfasis sobre el caso Lluís Companys, como clave
decisiva de la recuperación de la memoria.
Me ví obligado a señalar que, una vez más, la clave
que rompió con el silencio vino de fuera, en un reportaje proyectado
por la productora franco-alemana de TV: Arte Europa cuyos
programas se exhiben simultáneamente en siete países.
Se trataba del reportaje Delgado, Granados: Crimen Legal,
realizado por los profesionales catalanes Lala Gomá (de TV3)
y Xavier Montanya (también realizador de los reportajes sobre
Peiró y Ponzán).
Delgado y Granados, después de intentar ser proyectado
en TVE y TV3, fue realizado dos años después tras recurrir
a Arte Europa. Sabíamos que en este caso existía
un resquicio legal (y legalista) que no existía para otros casos
donde las peticiones de rehabilitación habían fracasado,
y era que los autores que habían realizado los atentados, Antonio
Martín y Sergio Hernández, dos compañeros anarquistas
residentes en París, declaraban haber sido ellos, y no Delgado
y Granados, que habían sido ejecutados por aquellos hechos.
En 1998, después de la proyección del reportaje, los familiares
de Delgado y Granados, introducen en el Tribunal Supremo una petición
de rehabilitación, lo que suponía hacer un nuevo juicio.
En la petición requerían la intervención de tres
testigos: Octavio Alberola, Vicente Martí y yo.
El Supremo rechazó este requerimiento, con lo que finalmente
la petición no prosperó. Los familiares apelaron al Constitucional
y éste (sospechando que un nuevo rechazo permitiría una
apelación al Tribunal Europeo de Strasburgo) se sacó de
la manga el rechazo por el Supremo de los tres citados testigos, como
una violación de Procedimiento. Es decir, los tres testigos nos
hemos dirigido al Ministro de Justicia manifestándole nuestra
disposición a declarar, pero que no estamos de acuerdo con el
argumento mecanicista del Constitucional, pues el problema no se sitúa
en una cuestión jurídica de Procedimiento, sino que es
de fondo político, contemplando la globalidad de todas las víctimas
del Franquismo. Ante la bochornosa situación creada por la pugna
del Supremo y el Constitucional, el Gobierno no ha tenido, finalmente,
otra alternativa, que promover la creación de una Comisión
Interministerial, para elaborar un informe sobre la globalizad de las
víctimas del Franquismo. Esta ha sido la clave, de un largo proceso,
que ha permitido romper con el silencio de memoria histórica.
volver