"Deslocalizaciones" empresariales
Un análisis de las causas y consecuencias de la fuga de empresas

Breve introducción y principales causas
Durante la 2.ª República se crearon los juzgados especiales que perseguían penalmente la evasión de capital por el perjuicio que ello ocasionaba a la economía del país. Posteriormente, durante el franquismo este delito pasaba a ser castigado tan sólo administrativamente, apartándolo así de su contenido penal. Sin embargo, a partir de la crisis de finales de los 70 se retoma nuevamente su carácter punitivo, dada la gran cantidad de capital que salía del país. En esa época se crearon numerosas empresas de economía sumergida que, actuando con patente de corso puesto que la inspección se mostraba ciega y sorda, incumplían impunemente numerosos aspectos legislativos sin ser seriamente perseguidos: tener trabajadores sin contrato, sin cobertura social, sin permisos de apertura de locales y negocios, sin pagar a la hacienda pública y municipal, etc. Estas "empresas", que no generaban ningún beneficio a la Seguridad Social, sólo enriquecían a los corsarios que las gestionaban, quienes además optaron por no invertir en su desarrollo o en innovaciones tecnológicas y de mercado.
Varios años después, dentro ya de la Comunidad Europea, la aplicación de la llamada "libre circulación de personas y capitales" dejaba sin efecto las leyes que perseguían la evasión de capitales. Desde entonces hasta ahora, curiosamente los capitales pueden circular con total libertad, las personas no.
Una de las zonas donde había más empresas de economía sumergida era el País Valencià, donde se comercializaba con productos de "todo a cien", calzado, juguetes, etc., que enriquecían rápidamente a sus defraudadores. Pero sin inversión e investigación no hay continuidad, de ahí el fracaso de estas "empresas". Como ejemplo de lo que se podría haber hecho, podríamos citar el caso de la industria turronera, situada en esa misma zona. Este sector productivo sí que ha sabido invertir y diversificar su oferta, dificultando con ello la competencia y pasando de ser una industria de temporada —tan sólo un mes— a tener trabajo casi todo el año.
No obstante, el principal factor a tener en cuenta se produce desde la entrada de algunos países asiáticos en la Organización Mundial del Comercio, incluyéndose aquí a China y próximamente a Vietnam, tradicionalmente comunistas pero que han terminado aceptando un noviazgo con la economía capitalista. En ambos países la necesidad de supervivencia de sus regímenes ha terminado por acoger a las grandes multinacionales, quienes se aprovechan de esta situación para exprimir al máximo a sus ciudadanos con el beneplácito interesado de sus dirigentes.
Todo este trasiego económico ha comportado una demanda de productos a precios hasta hace poco impensables, generándose unas ganancias increíbles que están alterando algunos sectores de nuestra economía. En este sentido hay que denunciar también que mientras la comercialización la hacían los empresarios locales —promoviendo la economía sumergida— no había movilizaciones en contra. Sin embargo, desde la llegada de comerciantes chinos y su posterior gestión de varios productos se han producido ya varios brotes xenófobos.

Dulcificando el problema sin pretender evitarlo
Llama la atención que para no etiquetar las cosas por su nombre siempre se busquen palabras que produzcan un efecto balsámico. Para ello se acogen o asumen términos como "moobing" para definir el acoso laboral, o las llamadas "deslocalizaciones" para suavizar la fuga de empresas.
Una vez permitido que los capitales y las empresas se puedan fugar del país, el siguiente paso de estos corsarios es buscar paraísos donde instalar las empresas, utilizando en ellos mano de obra esclava y fomentando incluso la explotación infantil. Allí levantan sus imperios privando a sus trabajadores de seguridad social, de jornadas establecidas, de contratos, de jubilaciones, de medidas de seguridad e higiene,… en definitiva: de derechos laborales.
Otro de los motivos de la fuga de empresas es que en estos paraísos empresariales no existe legislación ambiental o bien es muy laxa. A diferencia de lo que ocurre aquí, trasladar su negocio les resulta mucho más rentable, dado que no tienen que dotarlas de medidas de seguridad que respeten el medio ambiente, ni tampoco se ven sometidas a una seria presión fiscal. Por lo tanto, dado que el sudeste asiático es uno de estos paraísos empresariales, para allí se van las empresas.
En estos paraísos empresariales, a las empresas que allí se implantan no se les exige —dado que no es su objetivo— producir mercancías para abastecer el mercado donde se ubican. Su único interés es traernos las mercancías con un coste ínfimo a su inversión, lo cual les reporta enormes beneficios. Si su finalidad fuese abastecer el mercado donde se instalan no existirían las fugas de empresas; en todo caso hablaríamos de fuga de capital, si es que éste no regresa.

Consecuencias laborales inmediatas
Como algunas medidas que podrían emprenderse para acabar con toda esta trama no se aplican —no comprar los productos, negarles ayudas oficiales, penalizar a los empresarios, gravar los productos, exigir que en el país de origen se respeten los derechos de los trabajadores y medioambientales, etc.—, la situación seguirá avanzando sin control hasta que los trabajadores occidentales acepten las condiciones de trabajo del sudeste asiático.
Transportar un contenedor por vía marítima desde esas zonas hasta Barcelona puede llegar a costar sólo 30 euros. Como puede verse, tampoco el transporte es un problema ni encarece el producto. En vista de ello, son muchas las empresas que han optado por despedir e indemnizar a sus trabajadores con la indemnización máxima —45 días de salario por año trabajado—, o incluso superándola hasta los 60 días a fin de agilizar los trámites de su traslado y esquivar así posibles conflictos con sus empleados.
Al paso que vamos, las mejoras laborales que se han ido consiguiendo a lo largo de los últimos siglos mediante la lucha obrera desaparecerán si no se toma conciencia clara lo que se nos viene encima. Tomando como ejemplo a algunos países asiáticos y utilizando siempre la coacción del traslado empresarial, podrían ir suprimiéndose paulatinamente la jornada de 8 h, los derechos por maternidad, la Seguridad Social y unas condiciones de seguridad laboral mínimamente aceptables. Los ejemplos recientes son elocuentes y están sentando un precedente. Los trabajadores, con la "ayuda" de los "sindicatos", están aceptando rebajar sus salarios hasta un 25%, ampliando su jornada laboral 5 h más a la semana y reduciendo su período vacacional. Esto está ocurriendo ahora mismo en Alemania, reconocido motor de la economía europea que desde hace meses lo está pactando en su industria automovilística. Así pues, en vista de las posibilidades que se les ofrecen, ¿qué empresario es tan tonto de no trasladar su empresa o amenazar con hacerlo para obtener más beneficios? El mercado sin control acarrea estas consecuencias.
Con la gran cantidad de reformas laborales realizadas desde 1980 —cada una empeora la anterior—, se han ido restringiendo los derechos de los trabajadores, provocando la flexibilización en sus relaciones laborales hasta llegar al despido libre con una indemnización cada vez más exigua, que en la mayoría de las ocasiones es pagada por el Fondo de Garantía Salarial.
Asimismo, los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) —la mayoría fraudulentos—, sirven para legalizar los despidos colectivos y facilitar por ende la fuga de empresas. En ellos los comités de empresa, asesorados por sus "sindicatos", vienen aceptando casi todos los ERE sin plantear siquiera su impugnación. Y esto se está produciendo a pesar de que jurídicamente sólo deberían ser aceptados cuando la empresa está en una situación económica negativa y plantea medidas alternativas proporcionalmente adecuadas y suficientes para garantizar su futuro.
Un ejemplo de ERE fraudulento ha sido el presentado por la empresa INDO que fue impugnado —no gracias al comité de empresa que hizo todo lo posible para que fuera aceptado— y rechazado en vía judicial. Con respecto de esta empresa, que ha trasladado parte de su producción a Suzhou (China) y de la que son accionistas la familia Garrigosa —vinculada al "honorable" Pascual Maragall, president de la Generalitat—, se me antoja una pregunta: ¿visitó la fábrica de su familia en su reciente viaje a aquél país?

José Luis Villar Ferrero

 

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