Obreros
al queroseno y otras crudas desmemorias
En estos pobres tiempos en los que miserables teóricos honran
patéticamente el doble camuflaje consistente en que los fascistas,
los que nunca encuentran la ocasión de condenar los crímenes
de Franco, se disfrazan de auténticos demócratas, y los
facciosos, los que aprovechan cualquier ocasión para aplicar
también políticas neoliberales própias del fascismo
económico, se presentan descaradamente como militantes de partidos
obreristas y de izquierdas, no nos extraña nada que cuando unos
y otros se enfrentan a situaciones inesperadas, como han sido recientemente
la huelga espontánea de los trabajadores de Iberia o la llegada
incesante de inmigrantes a las Canarias, no les haga falta, para reprimirlas
salvajemente, sacarse la careta democrática de los
capilleros censos y de las santas urnas transitadas.
Así, en el caso de la huelga del Prat, no podemos menos que calificar
de barbaridad el reclamar la intervención del ejército,
como hizo la beatería de la españa legionaria del PP i
el caciquismo libremente conservador de CiU, ante la reacción
de unos trabajadores que sin recurrir a ningún acto de violencia
tan sólo se limitaron a ocupar las pistas del aeropuerto,
protestaban contra unas nuevas condiciones laborales irremediablemente
impuestas, según les comunicaron de pronto los sindicatos mayoritarios
al inicio de aquella jornada.
Así mismo no es menos salvaje la explicación que desde
el gobierno de Zapatero se dió a fin de justificar porqué
no se había recurrido a los militares para reprimir la huelga.
En ningún momento la ministra de fomento acudió al democrático
argumento que dice que disparar contra obreros desarmados
nos llevaría a revivir episodios de desmemorias en los que personas
normales, es decir, trabajadores y trabajadoras, fueron
cruelmente heridas o asesinadas. De hecho, esta amnesia concuerda muy
bien con los esfuerzos conciliadores de la ley de desmemoria histórica,
empeño asquerosamente pactista para acabar de borrar las luchas
de clases y resistencias ejemplares de individuos y de pueblos producidas
durante el siglo pasado en diferentes tierras de iberia. Utilizar en
cambio el queroseno que había en los depósitos de los
aviones y la valoración de los riesgos que supondría un
incendio de inconmensurables consecuencias dado el gentío viajero
que se habia hacinado en el Prat, como motivo de la pasividad
armada ordenada a los cuerpos represivos, es una medida que por el desprecio
que implica de las vidas de los y las huelguistas no nos merece ningún
comentario. Añadir como hizo el de interior, que tal decisión
la tomaron tras consultar a la benemérita como el método
más depurado desde el punto de vista del capital para que los
trabajadores volvieran sin ninguna baja al trabajo, nos
hace venir a la memoria la vieja consigna explotadora que insiste en
aquello de trabajad, trabajad, malditos!, sed cívicos,
dejaos de protestas y de huelgas!. En la versión parlamentaria
de los hechos no faltaron tampoco las construcciones imaginativas. Según
estas, los antidisturbios después de haber golpeado, maltratado
y detenido a varios trabajadores, por su propio bien, protegieron al
resto de compañeros de los efluvios violentos de airados viajeros
que estaban muy impacientes por no haber podido ponerse en el aire todavía.
A buena parte de estos excitados energúmenos no podemos menos
que recordarles que cuando sus patrones los echen a la calle o hagan
sus vidas aún más precarias, tediosas, cansadas y más
necesitadas de vacaciones de lo que son ahora, los insulten, denigren
y ofendan y no ahorren ascos en agredirlos físicamente o en escupirlos
directamente a la cara. O cuando los otros trabajadores de Iberia, los
pilotitos de marras, amenacen con elitistas huelgas, como hicieron no
hace tanto, y consigan así garantizar sus priviliegiados sueldos
hasta las jubilaciones fijadamente avanzadas, les obliguen a que en
el futuro les lleven también las maletas, les asistan en tierra
y se pongan ellos mismos las escaleras y las rampas.
Hablando de escaleras, y en relación a estas grandes diferencias
sociales existentes entre trabajadores (en el caso del Prat entre los
conductores de contaminantes aviones para negocios y nímias vacaciones
y los conductores de pasajeros y de sus inapreciables y empaquetadas
estupideces), diferencias que desgraciadamente son asumidas por buena
parte de la población como naturales, hemos de recordar
una de las experiencias más maravillosas que se llevaron a término
durante el período revolucionario iniciado el 19 de julio de
1936: el ensayo de un comunismo libertario que no sólo supuso
la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción
sino también el fin de las escalas salariales diferenciadas,
las cuales, como interpretó tan inteligentemente Kropotkin y
siguieron después los compañeros de base de la CNT y de
la FAI, no eran más que una rémora burguesa del socialismo
científico. El proyecto de construir unas nuevas relaciones humanas
según el principio que afirma de cada uno según
sus capacidades y a cada uno según sus necesidades, fue
directamente escuchado y puesto en práctica por el pueblo. Se
trataba de satisfacer de manera autogestionaria, como decia el Kropotkin,
las necesidades de vida, de alegría, de libertad, de demoler
los últimos vestigios del régimen burgués y de
su moral..., de la filosofía contable del deber y del haber,
de las instituciones privadas de lo tuyo y lo mío, para edificar,
al demoler, sobre bases nuevas, las del comunismo y de la anarquía,
y no sobre las del indivualismo y de la autoridad.
Que los que ahora mandan hayan de invertir ideológicamente en
el olvido y en la desmemoria de unas prácticas que aniquilaban
el deseo de aquellos que las reducían a meras elucubraciones
utópicas, nos devuelve al canto triste de la realidad actual
en la que el neoliberalismo salvaje permite, entre otras espoliadoras
cosas, que las subrogaciones a nuevas empresas, como en el caso del
Prat, mantengan escalas salariales que dejarán a los trabajadores
de tierra, de aquí a dos años, sin antiguedades ni pluses,
con sueldos base miserables que no llegan ni a 600 euros. Y por si no
estuviéramos hartos de camuflajes, he aquí, cuando recordamos,
en el interludio de la huelga, al indecente Saura, despreocupado por
la suerte de los trabajadores en huelga, pero visiblement obsesionado
en que sus bermudas llegasen a tiempo a Canarias. Las declaraciones
que hizo posteriormente reclamando la privatización de los servicios
de terra, coinciden muy bien con las de otro colega, el síndicomunista
de greuges, el Rafael Ribó, quién por haber tenido un
10 por ciento de llamadas entre el 28 y el 29 del pasado julio relacionadas
con los temas de la citada huelga, se decidió a acusar a los
trabajadores de nada menos que de secuestradores y de hostigadores de
la privada propiedad...
Nos entran ganas de bloquearle permanentemente el 900 124 124 a fin
de recordarle la vulneración flagrante que este sistema practica
impunemente de los derechos básicos, como son los de una vida
digna, de un trabajo, de una vivienda, de una liberadora educación,
de unas relaciones sociales no mercantilizadas, y de unos derechos de
autodeterminación, que afirmen rotundamente las verdaderas felicidades
anteriormente expuestas. Que no nos vengan pues, estos políticos,
los que hasta hace poco babeaban defendiendo un estatutet que antes
de entrar en vigor ya le encuentran todos faltas, con sus ridículos
discursos a favor o en contra de gestiones o cogestiones de aeropuertos
y de engaños. Por nuestra parte haremos todo lo posible para
llevar de nuevo a la práctica el legado histórico de aquellos
que estan sufriendo una segunda muerte, la de la tergiversación,
la criminalización y el asalto crudo a su digna memoria. Y por
lo que hace al día de hoy, el más nuestro afectivo y sincero
homenaje a las luchadoras y luchadores vivos y rampantes de ahora.
Petra
Llamp
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