EL ESTATUT JURIDICAMENTE DESCAMISADO

Si es sintomático que hace unos meses la mera mención de los términos nación y financiación en el proyecto de l’Estatut de Catalunya perturbó a los descamisados del PSOE hasta el punto de que llegaron a ver desnudeces segregacionistas en sus por ellos nombrados bambis dirigentes, no lo es menos que tales visiones, con Guerra en la cabeza, fueran aplaudidas socarronamente por los salvapatrias del PP.
El que, además, el proceso constitutivo de l’Estatut haya precisado de informes, contrainformes y anticontrainformes rumiados por eminentes sabios que, ante la indiferencia y la apatía del pueblo y la ciudadanía catalana, han sido capaces de ofrecer versiones convenientemente interesadas, ilustra bien el contenido universal de la frase de Dostoievski: “Basta solamente levantar la cáscara exterior...para descubrir en el pueblo propiedades que no sospechábamos. No es mucho lo que pueden enseñar al pueblo nuestros sabios. Es más: afirmo rotundamente que ellos tendrían que aprender de él”.
Según este criterio, y por las propiedades que de los políticos acostumbramos a sospechar, los del PSC y sus socios del Tripartit no deben sentirse muy del pueblo pues les ha bastado con escuchar las descamisadas lecciones de cuatro juristas del Consell Consultiu para aprender a corregir puntualmente sus estatuarias ambiciones.
Todo sea por l’Estatut. No vayamos a blasfemar contra la constitución española en nada menos que con 19 formas articuladas y aún un número mayor de indeterminadas herejías interpretativas, parecen estar diciendo...
Por nuestras heterodoxas partes, el recordar a los fanáticos del sacro consenso el hecho transitivamente histórico de que, volviendo a los ropajes, las proporciones de 2/3 y otras leyes numéricas requeridas para las reformas constitucionales fueron atadas y aprobadas con los restos consensuados de la mortaja de Franco, tal vez pueda parecerles sin duda un macabro detalle. Pero sabiendo, como decía Kropotkin, que las leyes políticas y constitucionales en la práctica no tienen otra función que mantener en el poder a gobiernos que protejan y conserven por la fuerza los intereses de las clases privilegiadas, incluyendo en ello por supuesto las apropiaciones irregulares o regladas del trabajo, se comprenderá fácilmente no sólo lo poco que nos fascina el carácter espectacularmente macabro del capital y el estado, sino igualmente lo poco que nos gusta la génesis totalitaria de muchos consensos democráticamente pactados.
Dejando a un lado a esas mayorías numéricas que, como decimos, en nuestra historia reciente no han dejado de imponer desde el centro consensos totalitarios, vayamos al otro argumento, el solidario, esgrimido por ministros, vicepresidentas, consellers y, desde ciertos fueros territoriales, por entusiastas mandarines oscuramente autonómicos. En este último caso nos referimos, por supuesto, a las gansadas repelentes pronunciadas desde Extremadura por un solidario que ha aprovechado su mandato para mantener idénticas las estructuras oligárquicas de su tierra, eso sí, mendigando el esquilmar los salarios y los gastos sociales de la gente que vive y trabaja en otros lugares para ayudar a malvivir a cambio en el subsidio y en la desatención servilmente asistida a una buena parte de sus ciudadanos.
Que sus pronunciamientos displicentes, que caen a menudo en la chuleria, no contradicen sino que confirman el espíritu “socialista” de este sistema fiscal irreformable, ha quedado claro por aquello que podemos encontrar en el proyecto de l´Estatut como definición de lo solidario: “Un sistema fiscal regido por el principio de obtener un nivel de servicios similar por un esfuerzo fiscal similar”. Expresión ésta que, a pesar de parecer en términos globales cuantitativamente equitativa no deja de ser en términos cualitativos de clase y de justicia redistributiva para Catalunya también sumamente insolidaria. Que estos matices se le escapen intencionadamente a gentes como, entre otros, al plomizo Bono se pone de manifiesto cuando empiezan a despotricar en contra de las catalanas demandas sanitarias, confundiendo los exhaustos gastos necesarios para cubrir los servicios básicos con exigencias privilegiadas de quirófanos de lujo. Tras esas confusiones tal vez encontremos el cansancio que supone ir de entretenedor de la soldadesca con ocupaciones matarifes disfrazadas de madres teresas mientras sigue planificando los efectos de futuros incrementos de tropa atraídos por el aumento de militares sueldos. Eso sí, mantenidos contra los criterios pacíficos que defendieron con tal de llegar al poder e impuestos a todos para que sean financiados coactivamente.
Y si hemos hablado del principio fiscal proyectado en l’Estatut, es decir, el principio mercantil basado en eso del que paga es el que recibe, es con el objeto de remarcar que como no tiene nada de redistributivo sino que es meramente recaudatorio, obedece bien a la ceguera con que se observa el carácter común de todos los estados. Y así, la falacia de la debilidad del estado, que a propósito de las inundaciones de Nueva Orleans hemos escuchado repetidamente estos días en oposición con la fortaleza de nuestros estados sociales, sólo se puede sostener si se mide la fuerza del estado no con la potencia de éste para mantener militar y policialmente el carácter esencialmente vandálico de un sistema que condena a la desigualdad y a la miseria a grandes masas, sino con la lupa distorsionada de gastos sociales financiados mayoritariamente por impuestos indirectos y regresivas reducciones salariales. Y aunque los gobiernos se esfuercen en disimularlo con la máscara providencial del estado de bienestar, lo que perciben los trabajadores lo tienen mucho más que pagado. Y quien lo dude y quiera aprender puede ir con sus hijos a los barracones escolares.
Volviendo a l’Estatut, quiénes parecen tenerlo todo muy claro son los empresarios.
Con la llamada a los políticos de CiU y del Tripartit advirtiéndoles que,
sin experimentos extraños, se atengan a sus jueguecitos burgueses de triplicación de maquinarias burocráticas con los poderes de decisión blindados y económicamente centrados, dejan las aspiraciones de las banderas, si sinceramente las hubo, en un lugar jurídico posiblemente reconocido por Pujol... Replegadas en las carteras, solidariamente, con las de los descamisados e incluso, en caso de precisarlo, unitariamente consensuadas con las de sus comparsas del PP .

Petra Llamp

 

 

L’ESTATUT JURIDICAMENT DESCAMISAT

Si n’és de sintomàtic que fa uns mesos només l’esment al projecte de l’Estatut de Catalunya dels termes nació i finançament pertorbar els descamisats del PSOE fins al punt que arribaren a veure nueses segregacionistes en els per ells anomenats bambis dirigents, no ho és menys de sintomàtic el fet que visions semblants, amb Guerra al cap, foren aplaudides amb sonrnegueria pels salvapàtries del PP.
El que, ademés, el procés constitutiu de l’Estatut hagi precisat d’informes, contrainformes i anticontrainformes rumiats per eminents savis que, davant la indiferència i l’apatia del poble i la ciutadania catalanes, han estat capaços d’oferir versions convenientment interessades, il.lustra molt bé el contingut universal de la frase de Dostoievski: “N’hi ha prou amb aixecar la closca exterior... per a descubrir en el poble propietats que no sospitàvem. No és molt el que poden ensenyar al poble els nostres savis. És més: afirmo rotundament que són ells els qui hauríen d’aprendre d’ell”.
Segons aquest criteri, i per les propietats que dels polítics acostumem a sospitar-hi, els del PSC i els seus socis del Tripartit no s`han de sentir molt del poble ja que n’han tingut prou amb escoltar les descamisades lliçons de quatre juristes del Consell Consultiu per a aprendre de seguida a corregir puntualment les seves estatuàries ambicions. Tot sigui per l’Estatut. No hi blasfemem doncs contra la constitució espanyola amb dinou formes almenys articulades i en un nombre encara més gran d’indeterminades heretgies interpretatives, sembla que estiguin dient...
Per les nostres heterodoxes parts, el recordar als fanàtics del sacre consens el fet transitivament històric que, tornant a les vestimentes, les proporcions de 2/3 i altres lleis numèriques requerides per a les reformes constitucionals foren lligades i aprovades amb les restes consensuades de la mortalla de Franco, potser els hi sembli un macabre detall.
Però coneixent, com deia el Kropotkin, que les lleis polítiques i constitucionals no tenen en la pràctica altra funció que no sigui el mantenir en el poder a governs que protegeixin i conservin per la força els interessos de les clases privilegiades, incloent-hi per descomptat les apropiacions reglades e irregulars del treball, es comprendrà fàcilment no sols el poc que ens fascina el caràcter espectacularment macabre del capital i de l’estat, sinò igualment el que tampoc no ens agrada la gènesi totalitària de molts consensos democràticament pactats.
Deixant de banda a aquestes majories numèriques que, com diem, en la nostra història recent no han deixat d’imposar des del centre consensos totalitaris, anem a l’altre argument, el solidari, esgrimit per ministres, vicepresidentes, consellers i, des de certs furs territorials, per entusiastes mandarins foscament autonòmics. Ens referim en aquest darrer cas a les bestieses repel.lents pronunciades des d’Extremadura per un solidari que ha aprofitat el seu mandat per a mantenir idèntiques les estructures oligàrquiques de la seva terra, això sí, pindolant l’esprémer els salaris i les despeses socials de la gent que viu i treballa en altres llocs per ajudar a malviure a canvi en el subsidi i en la desatenció servilment assistida a una bona part dels seus ciutadans.
Que els seus pronunciaments displicents, molt sovint tocant la xuleria, no contradiuen sinó que confirmen l’esperit “socialista” d’aquest sistema fiscal irreformable, ha quedat clar per allò que al projecte de l’Estatut podem trobar com a definició de què és fiscalment solidari: “Un sistema fiscal regit pel principi d’obtenir un nivell de serveis similar per un esforç fiscal similar”. Expressió aquesta que, malgrat semblar en termes globals quantitavament equitativa no deixa de ser en termes qualitatius de clase i de justícia redistributiva per a Catalunya també summament insolidària. Que aquests matisos se’ls escapen intencionadament a gens com, entre d’altres, el plomós Bono, es posa de manifest quan comencen a malparlar de les catalanes sanitàries demandes, confonent-hi les exhaustes mancances per a cobrir els serveis básics amb exigències privilegiades de quiròfans de luxe. Darrere d’aquestes confusions potser hi trobem l’anar d’entretenidor de la soldadesca amb ocupacions matadores disfressades de mares tereses mentre segueix planificant els efectes de futurs increments de tropa atrets per l’augment de soldada. Això sí, mantinguts contra els criteris pacífics què van defensar per tal d’arribar al poder i imposats a tothom perquè siguin finançats coactivament.
I si hem parlat del principi fiscal projectat a l’Estatut, és a dir, del principi mercantil basat en allò de qui paga és qui rep, és per tal de remarcar que com no té gens de redistributiu sinó que és merament recaptatori, obeeix molt bé a la ceguesa amb la qual es contempla el caràcter comú de tots els estats. I aixì la fal.làcia de la feblesa de l’estat, que a propòsit de les inundacions a Nova Orleans, hem estat escoltant en aquests dies reiteradament, en oposició amb la fortalesa dels nostres estats socials, sols és pot sostenir si es mesura la força de l’estat no amb la potència d’aquest per a mantenir militarment i policialment el caràcter essencialment vandàlic d’un sistema que condemna a la desigualtat i a la misèria a grans masses de la població, sinó amb la lent distorsionada de despeses socials financiades majoritariament amb impostos indirectes i regressives reduccions salarials. I encara que els governs tractin de dissimular-ho amb la màscara providencial de l’estat de benestar, el que reben els treballadors ho tenen molt més que pagat. I qui ho dubti i ho vulgui aprendre pot anar amb els seus fills als barracons escolars.
Tornant a l’Estatut, els qui sí que sembla que ho tenen prou clar són els empresaris. Amb la crida que han fet als polítics de CiU i del Tripartit advertint-los que, sense experiments estranys, s’atinguin als seus petits jocs burgesos de triplicació de maquinàries burocràtiques amb els poders de decisió blindats i econòmicament centrats, han deixat les aspiracions de les banderes, si sincerament n’hi ha hagut, en un lloc jurídic possiblement reconegut per Pujol... Replegades a les carteres, solidàriament, amb les dels descamisats, i si també hi cal, unitàriament consensuades amb els seus comparses del PP.

Petra LLamp

 

 

 

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