La
memoria torcida
El Congreso de Diputados de la nación ha declarado 2006 como
"Año de la Memoria Histórica". A finales del
mes de julio el Consejo de Ministros del gobierno socialista aprobó
un Proyecto de Ley de las Víctimas del Franquismo con el declarado
objetivo de establecer medidas a favor de quienes padecieron persecuciones
y represalias durante la Guerra Civil y la posterior dictadura de Franco.
Evidentemente, no es ninguna casualidad que todas estas manifestaciones
hayan coincidido con el 70 aniversario de la Guerra Civil y que estemos
ante una operación de manipulación a varias bandas.
Por un lado, los residuos del Partido Comunista (PC) se empeñan
en hurgar esta zona delicada porque en algún sitio tienen que
rascar votos. A la vez, intentan acaparar el espacio de la memoria sobre
la Guerra como si fuese el principal, por no decir el único,
actor que se enfrentó contra el levantamiento de las derechas.
Y no deja de ser irónico que los herederos de los estalinistas,
el PC de Llamazares y el PSUC de Saura, que entonces persiguieron con
saña a anarquistas, cenetistas y poumnistas, hoy pretendan ser
los campeones de la memoria histórica.
Por otra parte, al partido socialista, partido de gobierno que dice
haber optado por la pacificación en todos los frentes, le interesa
cerrar heridas todavía abiertas, aunque sólo sea con unas
tímidas y roídas declaraciones.
El PP ni quiere ni sabría cicatrizar las heridas de la Guerra.
Pero, a pesar de los alborotos de los hijos y nietos del franquismo,
al sector supuestamente civilizado del PP, también partido de
gobierno, le interesa hacer tabla rasa histórica de la Guerra
y superar, para llegar al Ejecutivo, el incómodo recuerdo de
las dos Españas.
A todos ellos les debería picar la cara de cinismo político.
Porque hagamos memoria en este supuesto "año de la memoria"
y presuntas intenciones de reparaciones para los vencidos.
El primer entuerto surge ya hace ya más de 30 años en
el primer abrazo de Vergara, en el que los hijos y nietos de los vencedores
y parte de los vencidos (socialistas, comunistas y nacionalistas) pactan
en secreto las "pautas de gobernabilidad" de la "transición"
que preceden a los Pactos de la Moncloa. Una de ellas es el pacto de
silencio sobre la reciente memoria histórica. Es decir, que había
que lamerse las heridas en silencio otros cuarenta años para
acceder a los pesebres de una democracia parlamentaria torcida.
Esto le permite hoy al señor Rodríguez Zapatero presumir
que "este es un país donde somos todos ya hermanos políticos
y de convivencia". No dice Zapatero que hay algunos hermanos
que lo son más que otros. Así, quienes firmaron el pacto
de silencio han recibido, aparte de varios miles de millones de su patrimonio
histórico (los socialistas y la UGT), sustanciosas subvenciones
de los presupuestos generales que les permiten mantener un aparato y
bailar al son del sistema, así como el apoyo mediático
con la versión políticamente correcta que les garantiza
monopolizar el supuesto espacio político social. Quienes se negaron
a ser cómplices de este silencio (los libertarios y la CNT),
no sólo no han recibido subsidios ni soportes mediáticos,
sino que ni siquiera se les ha devuelto el patrimonio histórico
de sus abuelos. Así pues, los propios socialistas y comunistas
contribuyen a que perduren heridas abiertas y a que subsistan esas dos
Españas.
Tampoco dice Zapatero que sus reparaciones son puro sarcasmo. Los represaliados
y exiliados de la Guerra y el franquismo, hoy han muerto todos. A eso
han estado esperando los socios del pacto de silencio. Inclusos los
hijos de la guerra y el exilio rondan ya los 70 años. Unas medidas
que quizás, en otro contexto y con otro tratamiento, podrían
haber tenido sentido hace 30 años, hoy son un pedo al aire y
descarado cinismo.
Desde lo que era y es el sector más numeroso de las víctimas
del franquismo, no se piden honores ni reconocimientos piadosos. Tampoco
quiere, como el PSOE y los comunistas, justificar que hubo desmanes
por ambos bandos, gracias y santo amén. Los presuntos "desmanes"
de los vencidos ya fueron pagados con creces bajo el triunfalismo franquista.
Ahora se les pide un nuevo ajuste de cuentas envuelto en una cínica
hipocresía de supuesta concordia que queda simbolizada por la
siniestra sombra de la monstruosa Cruz del Valle de los Caídos.
No, el colectivo de víctimas libertarias ni pide honores ni nada
que no sea lo suyo. Sí pide que las memorias históricas,
en lugar de ajustarse a objetivos políticos partidistas, se ajusten
a la verdad histórica. También reclaman la revisión
de los juicios sumarísimos del franquismo y no sólo
el de Companys. Rechazan y denuncian la legitimación de
los consejos de guerra que hacen hoy los señores del Supremo
argumentando el supuesto derecho vigente del franquismo. ¿Acaso
no tenía la República también una Constitución
y unos derechos constitucionales tan válidos como la actual Constitución
borbónica? ¿O es más constitucional una que otra
como el caso de los supuestos hermanos?
El cinismo de todas estas manifestaciones queda aún más
a la vista ante los gestos pusilánimes del Ejecutivo socialista
de suavizar sus proposiciones para aplacar al PP y a una Iglesia Católica
tan beligerantes hoy como en tiempos del Levantamiento y la Cruzada.
Los mismos responsables del golpe de estado fascista que provocó
y sustentó la Guerra Civil se están cebando hoy en demostrar
que las raíces de la guerra de clases del trasfondo de la contienda
siguen vivas: quienes viven a duras penas del trabajo y quienes se lucran
explotando a los trabajadores.
Asociación
Libertaria de Catalunya de Víctimas del Franquismo
Secretariado General del Comité Regional de la CNT de Catalunya
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