Conflicto
del metal en Vigo
Estefanía
Touriño
Hacía
ya nueve años que los trabajadores del metal en Vigo no iban
a la huelga. En efecto, el último paro general en el sector tuvo
lugar en 1.997 y se prolongó durante 23 días. Desde entonces
y hasta hoy, las condiciones se habían degradado hasta tal punto
que, este mes de mayo, más de 20.000 obreros secundaron la huelga
convocada de manera indefinida- para forzar la negociación
de un convenio menos lesivo para sus intereses que el propuesto por
la patronal.
El seguimiento fue masivo, alcanzando el 100% en la ciudad de Vigo y
casi el 95 % en el resto de la provincia. Además, las jornadas
de paro estuvieron acompañadas de numerosas movilizaciones que,
las más de las veces, acabaron en violentos enfrentamientos por
la represión de las fuerzas policiales. Finalmente, y tras una
negociación que se alargó más allá de las
quince horas, se alcanzó un preacuerdo cuya firma habría
de ser ratificada, en asamblea, por los propios trabajadores.
Entre las reivindicaciones de estos compañeros se encontraba
la exigencia de reducir la dramática tasa de temporalidad que
asola el sector (en torno al 70% de los empleados lo son con carácter
eventual), una adecuada subida salarial, ciertas mejoras en la clasificación
profesional, así como la disminución de las jornadas laborales
y algunas modificaciones en el tratamiento de las mutuas en caso de
accidente o enfermedad.
Tras la firma del preacuerdo, quedó desconvocada la jornada de
paro general prevista para el día 11 y a la que también
se habían sumado los estudiantes, conscientes de que esta también
es su lucha (lo que los obreros consigan hoy con la lucha, será
lo que encontraremos mañana cuando acabemos nuestros estudios,
rezaba su manifiesto).
Las jornadas de lucha han tenido como consecuencia la firma de un preacuerdo
que, en buena medida, parece satisfacer las demandas de los trabajadores.
El convenio colectivo tendrá una vigencia de tres años
y, en él, se recoge un aumento lineal del salario en todas las
categorías profesionales durante el primer año, mientras
que, durante el segundo, el incremento será de 1.5 puntos por
encima del estimado por el I.P.C. y de 1 punto sobre éste en
el tercer año.
Por lo que respecta a las grandes bolsas de precariedad laboral, se
establece el compromiso de alcanzar un mínimo del 35 % de personal
fijo durante el primer año, 45% en el segundo y un 50% en el
último.
Asimismo, los trabajadores han conseguido que se les abone la totalidad
de sus percepciones desde el primer día de baja laboral, además
de garantizárseles la posibilidad de poder cambiar de mutua si
lo desean.
Y bien, aunque las mejoras obtenidas no dejan de ser un parche puntual,
es esperanzador ver a la gente luchando masivamente en la calle, desde
la convicción de que nuestro destino depende sólo, sólo
de nosotros.
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