Respuesta a las ofensas y lindezas varias de “Quadern”,
suplemento en catalán de “El País”, o la moda
antilibertaria.
El
suplemento cultural en catalán del diario “El País”,
que sale cada jueves con el nombre de “Quadern”, ha tenido
a bien dedicar gran parte del número del 11 de diciembre de 2008
a las novedades historiográficas sobre el anarquismo, que según
los articulistas Carles Geli y Francesc Canosa, está de moda.
Hace ya muchos años que ya no compramos “El País”
porque nos parece un diario indocente (es importante leer la o, porque
estamos hablando de antipedagogía), instalado en la defensa numantina
de aguados valores socialdemócratas y pútridos dogmas
económicos liberales. Sorprende, por otra parte, que un diario
como “El País” dedique alguna página a glosar
el anarquismo, como no sea para denigrarlo. Cuando nos avisaron de la
aparición de temas anarquistas en ese diario, la primera reacción
fue de incredulidad. Leído el suplemento, se confirmaron las
sospechas iniciales: no se trataba de glosar las novedades historiográficas
sobre el anarquismo, sino de anunciar a bombo y platillo la publicación
de una serie de “productos editoriales” de temática
antianarquista.
Esta estrategia cultural del diario “El País” no
es un fenómeno aislado y fortuito, sino que forma parte de su
política editorial, que no duda en ocasiones especiales en manipular
lo que se tercie, como sucedió en septiembre de 2008 con un artículo
del riguroso historiador Francisco Espinosa, modificado, según
denunciaba éste, mediante “al menos veinte pequeños
cambios en el texto publicado”, consiguiendo “que realmente
los efectos de la falsificación afecta[ra]n a todo el artículo”,
haciendo decir al autor lo contrario de lo que siempre ha dicho, pensado
y defendido.
El error de Espinosa, como presumiblemente el de muchos lectores de
ese diario, fue creer no ya que “El País” respetaría
la libertad intelectual y el derecho de autor, “sino simplemente
que no falsificarían un documento de carácter privado
enviado a la sección de opinión de un periódico",
como denunció en kaosenlared el propio Espinosa, utilizando esta
página web como único canal a su disposición válido
para denunciar el atropello del citado diario.
El primer artículo de “Quadern”, firmado por Carles
Geli, es tan zafio, insultante y denigratorio, como la manipulación
que en septiembre pasado se hizo del artículo de Espinosa. Tras
mofarse de la memoria histórica libertaria, ridiculiza el horario
de la librería “La Rosa de Foc” y de la mal denominada
“sede central de la CNT en Barcelona”, porque no lo es.
Vaya usted a saber por qué le disgusta el horario de la librería,
que abre por las tardes. Ridiculiza gratuitamente a Ignasi, uno de los
encargados de la librería, porque busca libros de segunda mano,
o en sellos editoriales descatalogados, que ya quisieran tener muchas
librerías de postín, donde las novedades no duran más
de quince días y se carece de un fondo de reserva. Llega a decir
que Ignasi “brama” contra el auge de ese revisionismo historiográfico
antilibertario, en lugar de decir que Ignasi “opina” o “dice”,
ya sea esto o aquello, o lo de más allá. No, Ignasi, para
los periodistas del suplemento en catalán de “El País”,
“brama”. Y es que, para esos “objetivos” periodistas,
todo lo anarquista tiene algo de bruto, salvaje e incontrolado: por
eso un anarquista no habla, opina o dice: ¡brama! Aunque otros,
cuyos nombres mantenemos en el más riguroso anonimato, más
que bramar, rebuznan.
Carles Geli cita, como novedades de temática ácrata, “Diari
d´un pistoler de la FAI” de Mir, que a trancas y barrancas
ya lleva cuatro ediciones distintas, en menos de tres años, a
medida que su autor aprende a escribir, decide si hace una novela o
un libro de historia y lee lo mucho que desconoce sobre la guerra civil,
para ir rectificando los garrafales errores de la primera edición
de su “crónica novelada”(¡), de la que existe
una crítica devastadora, que puede consultarse en kaosenlared.
Cita también “El silenci de les campanes”, una bazofia
que ya hubiera sido indigna como martirologio de los años cuarenta,
que además está plagada de errores de bulto.
Cita además el libro de Orensanz, que es un buen trabajo periodístico,
aunque no es un libro de historia, ni su autor lo pretende. Esta diferencia
es algo que nuestros desaforados periodistas desconocen. Para entender
a Orensanz correctamente ha de leerse inmediatamente después
de haber saboreado el excelente trabajo de José Luis Ledesma
“Los días de llamas de la revolución”, que
Geli no cita. Y es que Geli, este periodista responsable de las irresponsables
páginas “culturales”, en catalán, del diario
“El País”, sólo busca el morbo del típico
tópico del pistolero anarquista: bruto, sediento de sangre y
comecuras, situado fuera de cualquier contexto histórico y social,
existente sólo en el infierno de los terrores del imaginario
catalanista. Y es que además, el criterio esencial de clasificación,
sine qua non, de esa selección de novedades de temática
ácrata es la de haberse publicado en catalán. Ese criterio
es una pésima elección, aunque por desgracia es cierto
que la mayoría de libelos antilibertarios se escriben en catalán,
y para la derecha catalanista. La prueba es que los escasos títulos
escritos en castellano, que menciona Canosa, son precisamente los únicos
que no cabe calificar de panfletos antilibertarios: las memorias de
García Oliver y el libro de Francisco Madrid.
Canosa confunde la gimnasia con la magnesia, o lo que es lo mismo, confunde
la gimnasia revolucionaria con la afición al deporte, según
él tan extendida a principios del siglo veinte, y vuelve a enmarañarla
con las Olimpiadas programadas en Barcelona para el 19 de julio de 1936.
Confunde la cultura con el culturismo, en un suplemento que se pretende
cultural. Se lía con la metáfora de la gimnasia para decir
unas cuantas tonterías que no vienen a cuento, como no sea para
mostrarnos su ignorancia sobre el tema. Alaba la mediocre biografía
de Alegret sobre García Oliver, a la que no cabe negar ser el
único intento existente, aunque no responde a las preguntas fundamentales
sobre el biografiado, ni aclara episodios cruciales en la vida del personaje.
Canosa trae a pelo una injustificada y abismal comparación entre
García Oliver y Josep Serra, el protagonista del libro de Mir,
que ni viene a cuento, ni se sostiene, ni tiene ningún sentido,
como no sea el propósito de denigrar el pistolerismo obrero de
los años veinte, que Canosa ni entiende, ni sitúa en su
contexto histórico y social. Pero cómo pedir objetividad
a Canosa, que se olvida de toda equidad periodística para erigirse
en inapelable juez, que dictamina sobre el bien y el mal. Para comprender
la violencia política, harto extendida en los años treinta,
hasta hacerse omnipresente durante la guerra civil, y que hasta nuestros
incultos periodistas pueden llegar a entender que no era exclusiva de
los libertarios, es inexcusable un análisis del conflicto social
y de la lucha existente por controlar el poder.
Y esto es lo que hace magistralmente José Luis Ledesma en un
libro fundamental, que debiera ser de lectura obligada para esos fútiles
escribidores, cada día más numerosos porque mercado obliga,
que meten su pluma en el tintero de la violencia política en
la retaguardia republicana. Más les valiera quebrar la pluma
y mantener su inmensa ignorancia en el silencio, mientras se dedican
a leer a Ledesma. Pero en este país, y aún más
en las páginas culturales de “El País”, se
ensalzan bodrios que jamás deberían haberse publicado,
y por el contrario se ignoran los libros históricos fundamentales,
que serán clásicos dentro de treinta años, como
el de Ledesma sobre la retaguardia republicana, el de Mintz sobre el
anarquismo agrario andaluz, el de Gallardo y Márquez sobre Ortiz
y el trabajo colectivo de la editorial Alikornio, que rescata testimonios
de militantes extranjeros que lucharon en las barricadas de mayo del
37.
Canosa escribe frases incomprensibles para el común de los mortales:
¿qué es eso de que “la situación de los trabajadores
es subterránea? ¿Canosa nos está diciendo que construían
el metro, o que vivían en las catacumbas, o quizás que
eran militantes clandestinos? ¡Un periodista con frases tan oscuras,
más que periodista ha de ser calificado de oscurantista!
Canosa comete además numerosos y graves errores, que no cuadran
bien con su prepotente actitud y sus constantes insultos a los anarquistas,
presentes y pasados. Canosa dice que Aurelio Fernández fue el
“máximo dirigente del Comité Central de Patrullas
e Investigación de la CNT-FAI”. Eso es falso. En media
frase comete tantos errores que su enmienda requiere un pequeño
párrafo que explique las ignorancias de este periodista cultural.
El dirigente del Comité de Información e Investigación
de la CNT-FAI, era Manuel Escorza del Val. Así pues Canosa se
equivoca gravemente. Vamos incluso a explicar cómo y por qué
se equivoca el inculto Canosa. En su atolondramiento por echar mierda
a diestro y siniestro, a Canosa se le cruzan los cables, y confunde
el Comité de Información e Investigación de la
CNT-FAI con el Departamento de Investigación del Comité
Central de Milicias Fascistas. Canosa seguramente ignora la diferencia
entre ambos comités, como otras muchas cosas, pero no debería
escribir sobre lo que desconoce. ¿Cómo creer sus afirmaciones,
cuándo acierta y cuándo se equivoca?
Canosa acusa, con razón, a un grupo de acción anarquista,
del asesinato de los hermanos Badía. Pero no explica nunca que
Miquel Badía era un policía que torturaba sistemáticamente
a todos los detenidos cenetistas. No se puede comprender nada sin situarlo
en su contexto histórico y social. Canosa tampoco explica, y
quizás también lo ignora, quién comunicó
a ese grupo de acción el domicilio donde encontrarían
a los Badía, ni por qué lo hizo. Seguro que a sus lectores
les interesaría saberlo. No se puede escribir las cosas a medias,
erróneamente y/o fuera de contexto, como hace Canosa, porque
se corre el riesgo de perder la credibilidad ante sus lectores y compañeros
de profesión.
Geli y Canosa, periodistas inculturales del indocente diario “El
País”, intentan elevar a los altares del éxito y
de la novedad editorial ese revisionismo historiográfico catalán,
que quiere abastecer el mercado de la burguesía catalanista,
en paralelo al revisionismo de los Pío Moa, que proveen el mercado
de la derechona hispánica.
¿Por qué se mete el suplemento cultural en catalán
de “El País”, antes independiente y hoy indocente
y global, con la librería alternativa y libertaria “La
Rosa de Foc”? pues por la misma razón que valora sólo
los panfletos antilibertarios, y desprecia las investigaciones rigurosas,
porque responde a la voz de su amo, esto es, a las necesidades del mercado
de la derechona catalanista.
Pues bien, en esta Barcelona proletaria, que sufre indiferente a los
periodistas del suplemento en catalán, titulado “Quadern”,
existe un medio alternativo, libertario y no libertario, que tiene varias
librerías marginales, con una vitalidad en auge que está
creando una red de distribución cultural para los nuevos títulos
de editoriales no menos marginales, como Virus, Alikornio, Espartaco
Internacional, Klinamen, Pepitas de calabaza, etcétera. Claro
está que esto molesta a nuestros periodistas del global y antidocente
“El País”, aunque deberían consolarse con
la subvencionadísima Edicions 62, y las numerosas multinacionales
del mundo editorial, que siempre van a defender el caduco sistema capitalista,
los valores de la burguesía y el mito del bruto anarquista de
Tarrasa, pistolero sangriento, matón y comecuras.
Mientras tanto se oye crecer la roja hierba, aparecen negros nubarrones
en el horizonte, la luz se achica y el aire se agita, aunque haya sordos
que jamás oirán nada y ciegos incapaces de prever nada.
Pero cuando la indómita tormenta truene salvajemente, arrastrándonos
a todos, esos “avispados” periodistas no dejarán
de darnos la noticia: ¡llueve!
El suplemento cultural en catalán de “El País”
del pasado jueves (11-12-2008) es un pésimo libelo antianarquista,
que no aporta nada nuevo a la clásica, clasista y soez difamación
franquista y catalanista del movimiento obrero en Cataluña. Los
libros que “El País” ensalza son fruto del odio y
del temor de clase a la revolución proletaria de julio de 1936.
Los artículos del “Quadern” del pasado 11 de diciembre,
oscilan constantemente ENTRE EL TÓPICO Y LA INFAMIA burgueses
contra la acción revolucionaria de la clase obrera barcelonesa
y catalana. Nada nuevo bajo el sol.
Para terminar no podemos dejar de dar una lista de libros, adecuada
para comprender el papel del movimiento libertario en la historia de
España y de Cataluña durante el siglo veinte, algunos
muy críticos con la ideología y la praxis ácratas,
advirtiendo al lector que todos estos libros puede encontrarlos en la
librería “La Rosa de Foc”, de la calle Joaquín
Costa, muy cerca del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona
y de la Facultad de Historia, eso sí, en horario de tarde, adecuado
a la jornada laboral de los afortunados que aún no están
en el paro:
GALLARDO, Juan José; MÁRQUEZ, José Manuel: Ortiz,
general sin dios ni amo. Hacer, Barcelona, 1999.
GARCIA, PIOTROWSKI y ROSÉS: Barcelona, mayo 1937. Testimonios
desde las barricadas. Alikornio, Barcelona, 2006.
GIMÉNEZ, Antoine: Les fils de la nuit. L´Insomniaque,
Montreuil, 2006. [De inminente publicación en castellano. Las
notas, tan abundantes como interesantes, constituyen dos tercios del
libro].
GODICHEAU, François: La guerre d´Espagne. République
et Révolution en Catalogne (1936-1939). Odile Jacob, Paris,
2004.
GUILLAMÓN, Agustín: Barricadas en Barcelona. La CNT
de la victoria de julio de 1936 a la necesaria derrota de mayo de 1937.
Espartaco Internacional, Barcelona, 2007. [Interpretación histórica
muy crítica con la CNT. Excelente anexo documental, que demuestra,
por ejemplo, que Companys, en mayo de 1937, quiso bombardear todos los
edificios ocupados por la CNT].
LEDESMA, José Luis: Los días de llamas de la revolución.
Diputación de Zaragoza, 2003. [De lectura obligada para entender
el trabajo periodístico de Orensanz. Un clásico, hoy,
y dentro de treinta años; muy bien escrito y de placentera lectura].
MINTZ, Jerome R.: Los anarquistas de Casas Viejas. Diputaciones
de Granada y Cádiz, Granada, 1999. [Magnífico estudio
histórico y antropológico sobre el anarquismo agrario
andaluz. Un clásico de lectura enriquecedora].
ROSÉS, Sergi: El MIL. Una historia política.
Alikornio, Barcelona, 2001.
SANS SICART, Joan: Commissari de xoc. Pagès editors,
Lleida, 2001.
SANS SICART, Joan: El dia de les sirenes. Pagès editors,
Lleida, 2007.
En esa librería existe además un interesante fondo de
libros descatalogados, de editoriales ya desaparecidas, y de libros
de segunda mano en la que pueden encontrarse auténticas joyas
de bibliófilo, a unos precios de saldo. Preguntad por Ignasi
o Carme, que os informarán con amabilidad y eficiencia.
Balance.
Cuadernos de historia.
Barcelona, diciembre 2008.
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