
Respondiendo
a Jordi Martí y Antonio Pérez
En
el último número de Catalunya, cabecera de CGT
creada en 1937 por CNT, Jordi Martí i Font reseñaba la
reedición de Durruti de Abel Paz, lamentando amargamente
el carácter propagandístico y sectario de los libros que,
sobre historia del anarquismo, han escrito los anarquistas; a la vez,
Rojo y Negro, vocero general de CGT, publicaba otro artículo
de Antonio Pérez Collado, Sobre la unidad anarcosindicalista,
dedicado a repasar algunos intentos de reencuentro del disperso mundo
anarcosindicalista, artículo en que el autor obvia olímpicamente
todos los trabajos que, desde estas páginas, se han publicado
con ese mismo objetivo.
Nuestro pasado y nuestro futuro comunes, tema al fin y al cabo de ambos
artículos, bien merecen, creo, las puntualizaciones que siguen.
Es innegable tanto que decirlo resulta casi una redundancia- que
buena parte de los textos producidos por militantes anarquistas y/o
anarcosindicalistas han caído con frecuencia en el panegírico
o la hagiografía; ahora bien, cuando alguien, desde un medio
libertario, apunta esta crítica viene forzado a contextualizar
esos textos so pena de incurrir en una fea deshonestidad. Es cierto,
repetimos, que las obras aludidas son en buena medida una autoalabanza;
pero no es menos cierto que, cuando tales obras se produjeron, no había
ninguna instancia científica, historiográfica
que se encargara de que no se perdiera ese trozo de historia del movimiento
obrero. Más aun, todas las fuentes, desde las redacciones de
periódicos a las cátedras universitarias, hicieron piña
para ventilar la lucha libertaria hablando de terroristas, agitadores
o bandoleros (en el caso concreto de los maquis). Sólo es desde
los años 70, con los estudios de Álvarez Junco, cuando
comienzan a realizarse en la Península (Ruedo Ibérico
acometió desde el exilio parisino una labor titánica)
trabajos ajenos a nuestros medios sobre el anarquismo ibérico,
y estos todavía poniendo en sordina el acento ideológico
del tema o mangoneando sin escrúpulos los objetivos, logros y
protagonismo de l@s anarquistas.
Así, no es ilegítimo que el anarquismo haya intentado
escribir su propia historia, luchando contra el olvido y la tergiversación,
ni es extraño que, escrita esa historia por sus militantes, sea,
en efecto, una historia militante ella misma (pero, ¿acaso no
sucede lo mismo con las fuentes escritas de CGT, como su vocero Rojo
y negro? Y, por tanto, ¿acaso no sucederá con los
libros que recojan la trayectoria de esta central, si son sus propios
militantes los únicos encargados de salvaguardarla?). Y dejemos
por hoy el pasado.
En lo que se refiere a un futuro tan hipotético como deseable,
Pérez Collado, en el artículo arriba citado, adolece de
una sospechosa falta de información sobre lo que hoy por hoy
se cuece. Porque el autor demuestra tener un buen conocimiento de la
prensa libertaria actual y, con ella, inevitablemente de los variados
intentos para conseguir una colaboración de las centrales libertarias
(CNT, CGT y Solidaridad Obrera). Así que resulta difícil
de creer, aunque todo es posible, que Pérez Collado ignore que,
por ejemplo, este periódico mantuvo durante todo un año
una sección, Cuaderno de trabajo, dedicada única
y exclusivamente a aportar materiales que facilitaran ese encuentro;
que ignore los numerosos textos dispersos que, desde estas páginas,
hablaban de lo mismo (alguno de los cuales, por cierto, ha circulado
profusamente por la red); o que no sepa, sin ir más lejos, que
en el penúltimo número de la Soli se reseñaba
el especial de Rojo y negro sobre recuperación de la memoria
histórica (falta que esa cabecera o el Catalunya sean
capaces de hacer lo propio con otras cenetistas. O que publiquen esta
carta, que les será puntualmente remitida con ese fin).
En efecto, pues: el sectarismo dejó hace mucho tiempo de ser
patrimonio de CNT. Compartamos de aquí en adelante todo lo que
podamos. Todo, menos los vicios inveterados.
Mateo
Rello
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