E D I T O R I A L 

Pensiones ¿para qué? Vive la vida… laboral
Fieles a su política de dinamizar la sociedad —según estimulantes recetas neoliberales—, varios gobiernos europeos —entre ellos, el aborigen— han decidido, tras consensuarlo con ellos mismos, iniciar el saco al sistema público de pensiones, adelantándose así a la directriz de la UE que ya prevee este proceso.
Y es que, en un contexto general de privatizaciones, la mera idea de pagar una cantidad cada mes a l@s jubilad@s (con el dinero, por cierto, que ell@s mismos han cotizado durante toda su vida laboral), resulta odiosa a los estados democráticos.
En efecto, tras la desaparición de la categoría de «ciudadano» y su suplantación por la de «consumidor», es lógico que se empuje al individuo a los planes de pensiones privados. Culmina así, de hecho, toda una cultura de economía de mercado que pretende reducir la relación de las personas con lo público a la capacidad de su bolsillo.
Y por si quedara algún recalcitrante apegado a los viejos esquemas, ya están los gobiernos y sus sindicatos amarillos trabajando para corregir esos vicios. ¿Cómo? Por un lado, ampliando el número de años cotizados para poder acceder a la pensión; por otro, computando todos los años de vida laboral y no sólo los últimos, con lo que la media de la cantidad a cobrar se reduce drásticamente.
Y esto, no lo olvidemos, desde uno de los estados de la UE que, como éste, ya de por sí mantiene las pensiones más bajas.
El resultado de esta política no se le oculta a nadie: a la par que se alarga la vida laboral de las personas mayores, las jóvenes encuentran menos puestos de trabajo cualificados —o menos puestos, a secas—, con lo que la precarización se acentúa para todos. En consecuencia, el aumento del cupo de inmigrantes legales, que será el único que pueda sostener el sistema, está abocado a desarrollarse en la sobreexplotación laboral.
Está visto, el Mercado no tiene mesura: no contento con las nuevas modalidades de esclavitud —pres@s e inmigrantes sin papeles—, ha decidido sacar un poco más de provecho de tod@s nosotr@s. Siempre un poco más. Nunca bastante.

 



Viviendo del aire
Empecé por comprar a la mafia,
Con mi cara inundé tu ciudad,
Me hice fotos, salí en las portadas,
Total, no me salió tan mal.
Escribiste mi nombre en un sobre,
Lo metiste en una caja de cristal,
Conseguí la mentira absoluta,
Y no sé qué tiempo aguantarás.
Viviendo del aire, sin respirar,
Viviendo del aire, traficando tu felicidad,
Viviendo del aire, sin respirar,
Viviendo del aire.
Congelé vuestros sueldos en Suiza,
Congelé vuestras salas de estar,
Mientras tanto me parto de risa
Y no sé qué tiempo aguantaréis.
Viviendo del aire, sin respirar,
Viviendo del aire, traficando tu felicidad,
Viviendo del aire, sin respirar,
Viviendo del aire.

*Canción del grupo murciano M-Clan,
editada en su álbum «Defectos personales».


LA VINYETA

BUZON
DE LA SOLI

Por una Plataforma Anarcosindicalista
(CNT, CGT,
Solidaridad Obrera)
Desde que, allá por 1995, la disolución del anarcosindicalismo llegara a su punto cero, comenzó un proceso, lento y difícil, de recomposición de todo ese entramado que quedó, finalmente, dividido en distintas siglas.
Digo «distintas siglas» porque soy de l@s que piensan que la herencia anarcosindicalista está hoy por hoy repartida entre las varias corrientes de CNT, la Central Solidaridad Obrera de Madrid y el importante sector libertario de la CGT, perfectamente afín a nosotr@s (véase, si no, la ingente cantidad de propaganda que distintos grupúsculos troskistas están dirigiendo contra CGT precisamente por el talante «anarquizante» y «sectario» —dicen ellos— con que esta Central ha frenado sus intentos de manipulación).
Permítaseme decir que, con un poco de perspectiva histórica, esta postura que defiendo no resulta descabellada —ni siquiera innovadora—; más aún: mienten precisamente quienes intentan presentarnos una CNT unitaria y sin fisuras a lo largo de su periplo clásico —el anterior a 1937— pues ya para entonces se había dado una importante fractura en la Organización, cuando se produjo la masiva escisión de lo que se conoció como «Sindicatos de oposición», fractura que sólo se resolvió en puertas ya de la Guerra Social de 1936-1939. Y permítaseme añadir, por justicia histórica, que, a la hora de la verdad, fue la cúpula de la purista (?) y antisindicalista FAI la que impidió que las milicias de CNT se lanzaran a hacer la revolución, y no los sindicatos tildados anteriormente de «reformistas».
Volviendo a la actualidad, podemos afirmar que son dos los procesos en curso: uno, de reunificación (por lo que hace a las corrientes de CNT); otro, de acercamiento (por lo que hace a las otras Centrales). Sucede ahora que, al parecer, se prefiere optar por la «reunificación» antes que por el «acercamiento», con lo cual se está malogrando la posibilidad de ir hacia una plataforma anarcosindicalista que nos permita ofrecer a la sociedad un frente conjunto.
Y entiéndase que, al hablar de «plataforma» no se está postulando una refundición de Estatutos ni ningún tipo de organicidad cerrada, sino, más bien, de un ámbito de encuentro versátil, puntual unas veces, afinitario otras, según individuos y situaciones. De hecho, los actos conjuntos que se han ido sucediendo en Madrid o Galicia ya son un precedente, aún desvertebrado, de ese frente común que buena parte del Movimiento Obrero ya nos está exigiendo.
En fin, he pretendido simplemente hacer pública una postura, no por clarividencia, de la que carezco, sino por contribuir constructivamente, con dudas más que con certezas, a un proceso necesario que, me temo, puede estar en vías de malograrse.

Mateo Rello

Envios a: «La Soli», c/ Joaquin Costa, 34, entlo.
tel. y fax 93 318 88 34.
E-mail: cnt@soliobrera.org


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