sin fronteras

Los conductores de ferrocarril para Inglaterra, Gales y Escocia (EWS) de Motherwell se han negado a realizar transportes de armas y municiones, planeadas por el gobierno inglés para la guerra contra Irak. Los conductores, al principio, rehusaron trasladar la munición entre Glasgow y el vertedero de armas de Gien Douglas el miércoles 8 de Enero. Esta acción está apoyada por 15 conductores que están decididos a no transportar carga alguna que pueda ser utilizada contra el pueblo iraquí. Los esfuerzos de la dirección de EWS para persuadirlos fracasaron. También se reclama solidaridad para que los conductores no se vean aislados por los dirigentes sindicales. Urgen a todos los trabajadores del ferrocarril, tanto de ASLEF como de RMT a pasar mociones de apoyo, a rehusar el trabajo que normalmente realiza Motherweil, a trabajar ciñéndose a sus funciones durante las próximas semanas y meses y a no asumir trabajo extra que ayude a Bush y Blair en su masacre de civiles iraquíes.
Página web de la Solidarity Federation: www.solfred.org.uk

La empresa de telecomunicaciones WorldCom ha anunciado la puesta en marcha de un plan de ahorro de costes de 2.500 millones de dólares que incluirá, entre otras medidas, la reducción de unos 5.000 puestos de trabajo. La compañía protagonizó el año pasado uno de los mayores escándalos financieros de la historia. Las deudas de la multinacional ascendían en el noviembre pasado a unos 41.000 millones de dólares, y ya a mediados de 2002 anunció que tenía previsto despedir a unos 17.000 trabajadores, más de un 20% de su plantilla total. Este nuevo plan se enmarca en los intentos de la empresa de salir de la profunda crisis que sufrió el pasado verano, cuando protagonizó una de las mayores bancarrotas de EEUU y un gran escándalo contable al reconocer que falseó perdidas millonarias durante más de un año. Además de la reducción de empleos, la empresa impondrá otras medidas de ahorro encaminadas a buscar una mayor eficiencia en la producción, y la renegociación de contratos de 2.600 proveedores.

El pasado 28 de Febrero el gobierno español materializó su participación en la guerra civil en Colombia regalando al gobierno del ultraderechista Uribe ocho aviones de combate Mirage F-1, fabricados en 1975, helicópteros, lanchas patrulleras, un dragaminas, dos aviones de transporte de tropas Aviocar C-212 y el uso de sus satélites de observación y de comunicaciones. Se da el caso de que un alto militar del gobierno colombiano tuvo que dimitir al atreverse a declarar que esos aviones no servían para luchar contra la guerrilla.

El Banco Mundial financia un proyecto diamantífero en tierras de bosquimanos. Kalahari Diamonds Limited ha obtenido un crédito de 2.000 millones de dólares de la Corporación Financiera Internacional (IFC integrante de Banco Mundial), para llevar a cabo la exploración de diamantes en la Reserva de Caza del Kalahari Central, en Botswana. Esta reserva es el territorio ancestral de los bosquimanos gana, gwi y de los bakgalagadi. Tan sólo 100 bosquimanos permanecen en la Reserva, después de 15 años de persecución la mayoría fueron expulsados. Con el fin de entregar esta tierra a las empresas extractoras de diamantes, la Reserva ha sido ya parcelada desde entonces por el Gobierno de Botswana.

La huelga de l@s trabajador@s de la sanidad en El Salvador ha sido apoyada por una masiva manifestación de los salvadoreños, contra la iniciativa gubernamental de privatizar el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS). Así como la solidaridad con las detenciones de trabajado@res la víspera de la marcha. La administración de Flores lleva al país a una situación crítica al apoyar a la empresa privada. El paro contra la privatización empezó en cuatro centros en septiembre de 2002, y actualmente la huelga ha tomado mayores dimensiones con la participación de varias entidades médicas e instituciones sociales nacionales y foráneas, a favor de las demandas. Al tiempo, los médicos demandantes realizan consultas en plazas, parques y otros lugares públicos.

El Nuevo Orden del Próximo Oriente

Por el monte corren las sardinas, tra-la-lá, dice la popular cancioncilla, coreada a grito pelado por imberbes escolares en gozoso día de excursión. Un regocijo del que no pueden disfrutar los niños iraquís, inmersos en el aterrador caos generado por los constantes bombardeos de la coalición anglosajona sobre territorio iraquí. Un cruel genocidio de una población, ya de por sí castigada por el duro embargo impuesto al régimen de Sadam Husein, que ha tratado de esconderse bajo la filosofía del vamos a contar mentiras tra-la-lá que caracteriza la propaganda de guerra norteamericana. Y gran parte de la población estadounidense, todavía dolida por los acontecimientos del 11-S en Nueva York, ávida por vengar el agravio cometido contra el corazón de su imperio, ha caído de nuevo en la trampa de buscar responsables fuera de sus fronteras.
Por increible que parezca, se cae de nuevo en los mismos errores cometidos en 1991 durante la planificación y desarrollo de la primera guerra contra Iraq, en la cual los medios de comunicación mintieron a la opinión pública occidental sobre la supuesta potencia bélica de este país, afirmando que Sadam disponía del cuarto ejército más poderoso, especulando sobre su gran capacidad bélica y confirmando la posesión de armamento químico, bacteriológico e hipotéticamente nuclear, así como su firme intención de desencadenar la madre de todas la batallas... En la actualidad, estas maniobras de desinformación mediática se reproducen nuevamente al ocultar la realidad de la situación en el sistema defensivo iraquí, carente de personal cualificado, de armamento útil, de munición y de capacidad logística. En su lugar, se nos muestra a los milicianos iraquís como fieros soldados, expertos en la lucha de guerrilla, armados hasta los dientes y capaces de defender con su vida lo indefendible. Se habla de mártires terroristas, de fedayines fundamentalistas emboscados, de supuestos misiles de destrucción masiva y de la fiera guardia republicana. La desinformación continúa respecto a la eficacia de los bombardeos de los «aliados» sobre Bagdad, a la supuesta muerte de Sadam, a la rendición en masa de soldados iraquís, a la supuesta toma de poblaciones, puentes y aeropuertos, con ausencia de bajas militares y escasa incidencia de daños colaterales.
Alejandro Pizarroso, profesor de Historia de la Comunicació Social de la Universidad Complutense de Madrid explica, en su excelente obra Historia de la propaganda, cómo una de las reglas esenciales de la propaganda es la de «concentrar en un solo enemigo todas las maldades habidas y por haber... los americanos han tendido siempre a personalizar en exceso las fuerzas hostiles en el mundo... su foto [la de Sadam Husein], como si de un bandido “wanted, dead or alive” se tratase, o como centro en una diana para dardos, ha colgado y cuelga, todavía, en muchos hogares y despachos oficiales norteamericanos». Hace escasos días que se veía en los telediarios la imagen de golfistas que aliviaban su estrés golpeando la bola con la intención de acertar a un cartel con la imagen del presidente iraquí, lo que da idea de lo fácilmente manipulable que es, desde el punto de vista ideológico, el ciudadano medio norteamericano. Paralelamente, siguiendo los esquemas clásicos de la tragedia griega, se hace necesaria la presencia de un antagonista que frene las aviesas intenciones del tirano de turno. Aquí es donde el presidente George W. Bush, procedente de allá el rancho grande de Texas, cabalga decidido a frenarle los pies al cruel Sadam e imponer la lógica de la justicia, como si de la puesta en escena de un grotesco western se tratase.
Una pregunta asalta la mente de los más avispados: ¿Cuál es la tramoya de este espectáculo cinematográfico? ¿Qué oscuras maniobras políticas y económicas se cuecen entre bambalinas? Si se ha logrado demostrar que no existe relación evidente entre los servicios secretos iraquís y las células terroristas de Al Qaeda, ¿cuál es, entonces, la imperiosa necesidad que ha movido a los Estados Unidos a invadir Iraq sin consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU? El lingüista y filósofo libertario Noam Chomsky denuncia, en numerosos ensayos políticos, que la ultra-derecha norteamericana ha aprovechado los ataques contra las torres gemelas de Nueva York y la posterior psicosis generada, entre la población estadounidense, por la amenaza terrorista, para hacer que el Congreso apruebe un programa conservador destinado a fomentar la intervención militar en diversos países de Oriente Próximo. De esta manera se desvia la atención de la opinión pública respecto a las graves deficiencias creadas en la economía de su país por la pésima gestión administrativa del Gobierno republicano. Prestigiosos analistas reconocen que el dólar ha perdido cerca de un 26% de su valor respecto al euro en los últimos tres años. Una grave crisis se cierne sobre el país, provocando el estancamiento de la economía, el aumento espectacular del desempleo, la congelación de los salarios y el aumento de la dependencia de los consumidores respecto a los créditos bancarios. Si a este peligroso cóctel sumamos el progresivo endeudamiento de las familias estadounidenses, el continuo empobrecimiento de gran parte de la población, empujada hacia la precariedad laboral, y el insostenible ritmo de vida de una clase media acomodada, que vive muy por encima de sus posibilidades, el resultado obtenido se asemeja a una bomba de relojería que le puede explotar en cualquier momento a la administración Bush.
El Gobierno norteamericano sabe de esta delicada situación. Hasta el más inútil se da cuenta que de donde no hay no se puede sacar y que por mucho que se dore la píldora con palabrería macroeconómica, si se compra más que se vende, por no resultar competitivos los productos gringos en el extranjero, y se vive de prestado, en base a un desaforado consumo a golpe de tarjeta de crédito, lo único que se va a conseguir es vivir permanentemente de prestado, aumentándose indefinidamente la inflación e incrementándose espectacularmente la deuda externa del país. Y como no podía ser de otro modo, la doctrina neoliberal responde ante la crisis jodiendo a los más necesitados, esto es, aumentando las tasas arancelarias para perjudicar la importación de productos del tercer mundo, acrecentando las desigualdades sociales en base a la congelación de los salarios de los trabajadores, y fomentando el aumento de los impuestos. Paralelamente, la economía de Europa se mantiene estable. Se ha conseguido la paridad del euro respecto al dólar y está prevista la progresiva ampliación de la Unión Europea hacia las naciones del este, los viejos países satélite de la ya extinta Unión Soviética. últimamente, corre el malicioso rumor de que prominentes países miembros de la OPEP se han planteando seriamente la posibilidad de adoptar el euro como moneda patrón para efectuar las transacciones petroleras. En tal caso, el dólar dejaría de ser la moneda standard a partir de la cual se mediría el valor del resto de divisas a nivel mundial, lo que supondría que los Estados Unidos dejarían de controlar la producción mundial de crudo, resintiéndose notablemente su economía. Esta hipótesis se hace consistente si se tiene en cuenta que en los últimos tiempos se han ido produciendo un tímido acercamiento de los países islámicos productores de petróleo hacia la UE. Como precedentes tenemos la firme postura de oposición a la política económica estadounidense por parte de los Gobiernos de Libia e Irán, el acuerdo entre Sadam Husein y la ONU para gestionar programa «petróleo a cambio de alimentos» en euros, y las sutiles artimañas de Arabia Saudita, que ha estado retirando en secreto gran parte de su capital de los bancos norteamericanos.
En vista de estos hechos, los Estados Unidos necesitan imperiosamente, si desean continuar siendo la locomotora de la economía mundial, hacerse con el total control de los recursos energéticos. Pero se da la circunstancia que las zonas geográficas donde se hallan ubicadas las mayores reservas petrolíferas están administradas por Gobiernos no tutelados por los tentáculos de Washington. Y el tiempo corre en contra de los intereses norteamericanos, pues se ha calculado que las actuales reservas de crudo de los EE. UU. tan sólo permitirían mantener su elevado nivel de consumo energético durante los siguientes 13 años. Como medida urgente, la Administración Bush ha utilizado, en los últimos años, diferentes medidas de nula legalidad y de aún menor ética: el soborno de México, país sometido a las tiránicas exigencias del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional; el intento de golpe de Estado y posterior sabotaje, por medio de una huelga salvaje, en el caso de Venezuela; la implantación de regímenes títeres, sumisos a los intereses financieros yanquis, en diferentes emiratos árabes; la amenazas de incluir a Arabia Saudí en la lista negra de los países integrantes del denominado «Eje del mal», acusada de subvencionar el terrorismo internacional; por último, la invasión militar del territorio iraquí. La guerra en este país era inevitable, pues téngase en cuenta que, tan sólo en esta zona geográfica de Oriente Próximo, se concentra más del 65% de los recursos petrolíferos mundiales, con capacidad de producir más de 100.000 millones de barriles de crudo y una ingente cantidad de metros cúbicos de gas natural.
Dados los intereses en juego, no hay legalidad internacional que valga, ni organismo capaz de detener el avance de la maquinaria bélica. George Bush, a quien la perspectiva de meterle mano al petróleo iraquí se la pone más dura que un misil Tomahawk, ha decidido que ha llegado el tiempo de matar. Arropado por los siniestros halcones de su gabinete –ávidos de verter sangre inocente con tal de lograr sus inmorales propósitos–, apoyado por los buitres de Gran Bretaña –nostálgicos de un pasado imperialista que desean retomar– y alabado por una administración española sumisa, rastrera, lameculos, compuesta por miembros y descendientes de personajillos con reconocido pasado falangista «por la gracia de Dios», que siente añoranza por tener una mayor protagonismo internacional, el Gobierno que más abUSA se ha embarcado en una frenética actividad militar que podría conducirnos al desastre. El «todo vale» imperante legitima la injerencia en los asunto internos de una nación soberana. Tras la ocupación del país, está previsto en él un cambio de régimen, imponiéndose la instauración de un gobierno pseudodemocrático, afín a los intereses económicos occidentales. La prepotencia y el descaro son evidentes: el propio secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, levantó la ira de los países europeos, opositores a sus tesis belicistas, al mostrar su desprecio por los valores culturales de la «vieja Europa»; valores caducos, cimentados en la trasnochada creencia de que, mediante el diálogo y la negociación, se consigue arreglar los problemas sociales y políticos; valores que hay que sustituir por un nuevo cuerpo de creencias basado en la imposición de criterios, el chantaje y la opresión sobre los que rechazan la expansión de la tiranía totalitaria propugnada por Washington. Hay que preguntarse si sería posible la apertura de un proceso penal, en el recientemente creado Tribunal Penal Internacional, contra los responsables de la guerra, dado el incumplimiento de las resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Y no se detendrán aquí, pues los siguientes en caer serán Arabia e Irán. Y se hará a lo bestia, enviando sucesivos contingentes militares a masacrar la población islámica. Como en la Edad Media, despierta de nuevo el espíritu de las sanguinarias cruzadas fundamentalistas.
Se estima que el presupuesto del pentágono se ha disparado hasta aproximarse a la vertiginosa cifra de los 400.000 millones de dólares. El coste económico total de esta guerra, incluyéndose los gastos en ocupación, reconstrucción , asistencia humanitaria, etc. oscila entre los 120 y los 1600 billones de dólares, según sea su duración. Cifras que tendremos que pagar entre todos, pues es difícil creer que los Estados Unidos puedan afrontar exitosamente, en solitario, los gastos. Resulta curioso que la resistencia de los pueblos a la colonización le salga tan cara al imperio estadounidense. Porque, a falta de armamento de destrucción masiva, que se sepa, en su camino hacia la conquista de la capital, lo único que han encontrado las tropas de la coalición ha sido oposición de la población a ser pisoteada, a ser vilipendiados sus derechos como ciudadanos, a que sea invadido su territorio, a ser agredida física y psicológicamente por un ejército invasor, cuyo único lenguaje es el de la muerte y de la destrucción, por mucho que se denomine a estas operaciones militares como libertadoras y propiciatorias de ayuda humanitaria.
Pasado un tiempo, una vez que se acabe con los últimos focos de resistencia, la normalidad retornará a Iraq. La ONU gestionará las pertinentes campañas humanitarias, las compañías constructoras y petrolíferas asignadas por el dedo de la Administración estadounidense se enriquecerán escandalosamente, y se constituirá un Gobierno títere en Iraq, afín a los intereses norteamericanos. Poco a poco, se irá haciendo un silencio mediático que contribuirá a calmar las agitadas aguas de la población de numerosos países de todo el mundo, que se ha opuesto firmemente a esta bárbara agresión contra las normas del Derecho Internacional. La primera batalla la han ganado los nuevos señores de la guerra, deslegitimando la autoridad de las Naciones Unidas, dinamitando la Unión Europea al dividir sus integrantes en torno a dos ejes enfrentados (Londres-Madrid-Roma y París-Berlín), augurando un negro futuro para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y provocando el enfrentamiento directo entre prominentes miembros de la OTAN. Y, aunque la superioridad tecnológica y bélica de los ejércitos de los Estados Unidos y de Gran Bretaña les ha permitido conquistar la capital iraquí, hecho que augura el próximo final de la guerra, tampoco es menos cierto que las tropas anglo-americanas han perdido la batalla mediática. Especialmente por causa de los últimos bombardeos, que han causado la muerte de numerosos civiles y de varios periodistas, entre los que se encuentran un reportero del diario El Mundo y un cámara de la cadena de Tele 5.
Pero todavía no han ganado la guerra en su totalidad. En numerosas ocasiones, los ciudadanos hemos tomado la delantera a los políticos y hemos ocupado la calle para intentar conseguir, a través de continuadas movilizaciones, lo que este inoperante sistema pseudodemocrático occidental no ha logrado: la paz entre los pueblos y el rechazo unánime a todas las guerras y a todos los ejércitos y cuerpos de seguridad represivos. Esperemos que la gente, especialmente los más jóvenes, no olviden que el sistema capitalista facilita, de manera cíclica, este tipo de catástrofes humanitarias para seguir teniendo por el mango la sartén de su poderío económico internacional. Un dominio global que es totalmente incompatible con un proyecto de futuro que beneficie con justicia a la totalidad de la población mundial. Quienes apoyan un sistema basado en la tiranía, el abuso y la depredación, merecen nuestro más absoluto desprecio.


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