Puerilisme militant...
El qui s'enfrenta amb la policia, no és el més
radical, sinó dels menys radicals. Si ser radical és
anar a l'arrel dels problemes, de les males herves, i tallar
aquesta per a extirpar tot el problema i poder sembrar una planta
millor; qui s'enfronta amb la policia, s'enfronta amb l'últim
graó de l'aparell executiu de l'Administració,
s'enfrenta amb un element que a la mala herba
és com si li talles un troset d'unes fulles, és
com si a una mala bèstia li talles els cabells: és
fàcilment substituïble, renovable. 
El
fuego de la discordia
A
lo largo de estos últimos días hemos asistido,
con estupor, a un patético acontecimiento mediático
que podría ser definido como puro esperpento surrealista.
Un rocambolesco espectáculo que nos motivaría
a la chanza y a la risotara histriónica de no mediar
un serio trasfondo político que afecta a la libertad
de numerosas personas en el continente asiático. Tanto
en Europa como en América, aquellos países que
forman parte del trayecto organizado por el Comité Olímpico
Internacional para conmemorar el prolegómeno de las próximas
Olimpiadas, que se celebrarán el próximo mes de
agosto en Pekín, han tenido que organizar importantes
dispositivos de seguridad para proteger el discurrir de la antorcha
olímpica ante el peligro de que se produjeran sabotajes
de protesta organizados por grupos defensores de los derechos
humanos en el Tíbet.
EDITORIAL
Guerras
de la memoria
La
Historia, como bien sabemos, no se limita a una mera recopilación
de hechos. El espíritu de una época, sus tensiones,
logros y fracasos no caben en la simple crónica de sucesivos
datos, así como tampoco cabe la comprensión de
por qué unas fuerzas sociales chocan violentamente en
un momento dado, tras décadas de formación en
torno a intereses contrapuestos. En efecto, la interpretación
de un tiempo, aunque incómoda y hasta inquietante a veces,
supone un ejercicio complejo, muy complejo, pero necesario para
la inteligencia histórica. 
EDITORIAL
Política
por otros medios
La
realidad, la dura y obstinada realidad, amanece cada día
por el mismo lado que el Sol que nos calienta; como su curso,
esa realidad nos parece inalteralble e inamovible, rigurosa
como una condena. Poco podemos decir de ella que no conozcan
bien quienes la padecen: precariedad e incertidumbre del trabajo
asalariado, la consiguiente siniestralidad en el tajo (en efecto,
trabajar mata), nuestro derecho a la vivienda secuestrado como
botín de guerra de la bellaca aristocracia del ladrillo...
Puro y duro terrorismo capitalista. 
El Trabajo como una maldición
Abocados
a la necesidad impuesta del consumo, en la búsqueda de
un poder adquisitivo para sobrevivir en la sociedad del bienestar,
miles de personas se ven sometidas a dividir su vida en tiempo
de trabajo y tiempo de ocio, en tiempo esclavo y tiempo libre.
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